“Cuando no están pues los espero, a veces se me olvida la llave, eso pasa muy común aquí en el internado”, afirma Édgar, de 21 años, estudiante de Producción Agrícola. Pero no se queja, pues a pesar de que la vida transcurre diferente lejos de casa, está a punto de cumplir su sueño de egresar de la universidad.
En Coahuila los estudiantes foráneos cada vez son más; en el último año se ha registrado un incremento de entre 5 y 10% en algunas instituciones, pero la UAAAN es la de mayor población externa: en su matrícula 80% de los 5 mil alumnos son jóvenes provenientes de otros estados de la república y sólo 20% son coahuilenses.
El rector Eladio Cornejo Oviedo explica que es el reconocimiento de la institución lo que atrae a miles de estudiantes año con año para estudiar en los campus Buenavista y Torreón, por lo que los internados son un apoyo indispensable para que los jóvenes puedan cursar una carrera, pues la mayoría son de escasos recursos.
Al inicio del semestre los alumnos pagan una cuota de recuperación de 350 pesos a cambio de un cuarto y un baño en donde vivir. Lo comparten con otros compañeros y en el caso de los varones los tres edificios El Paraíso, Porfirio y La Colorada se encuentran en el campus, mientras que el de las mujeres está en la calle Matamoros.
En la Universidad Autónoma de Coahuila, cerca de 40% de los 14 mil 950 alumnos que estudian en la Unidad Saltillo son originarios de otros municipios y estados. De acuerdo con datos de la Dirección de Asuntos Académicos, los estudiantes viajan a la capital del estado para cursar la preparatoria y la licenciatura.
Aunque no se cuentan con internados, existe en las escuelas en el Departamento de Orientación información de casas de asistencia y dentro de las mismas escuelas decenas de anuncios sobre cuartos de renta, compartidos y departamentos abundan.
Monclova, Sabinas, Piedras Negras, Castaños, Ocampo, Cuatro Ciénegas y Frontera son los principales municipios de los que los jóvenes emigran para cursar sus estudios universitarios en Saltillo, a pesar de que no cuentan con una posición económica alta, por lo que viven en casas de asistencia o comparten departamentos con otros pares.
A inicios de este semestre, también 386 estudiantes foráneos de otros estados se sumaron a los de origen coahuilense, 294 procedían de Durango, 22 de Zacatecas, 14 de Tamaulipas, 10 de Chihuahua, 6 de Nuevo León, 4 de Chiapas y Guanajuato y el resto de estados como Veracruz, Distrito Federal, Quintana Roo, San Luis Potosí, Hidalgo, Morelos, Nayarit, Puebla y Tabasco.
Ante la diversidad de profesiones, también existe un alto número de jóvenes que desean dedicarse a la docencia. En la Benemérita Escuela Normal de Coahuila, que actualmente tiene 500 estudiantes, cerca de 40% son foráneos, señala el director Mario Alberto Domínguez.
La institución cuenta con un internado femenil, ubicado en la calle Xicoténcatl, poco antes de llegar a la calle Ramos Arizpe, con el número 318, que permanece como mudo testigo de las generaciones de estudiantes del Internado Femenil de la Normal.
Desde 1909, la amplia vivienda ha alojado a miles de jovencitas provenientes de los municipios de Coahuila. Cada año, un promedio de 50 jóvenes hacen del internado su segunda casa y en confianza conviven con la directora, el personal administrativo, de intendencia, de cocina y las prefectas, encargados de vigilar el bienestar de las muchachas foráneas.
Por 100 años esta antigua casa se ha convertido en el hogar en Saltillo para las normalistas que en sus recámaras encontraron techo y sustento. Sus voces, sus risas, sus alegrías características de juventud dan vida a la vieja casona que se convierte en su segundo hogar.
De la misma forma, pero sin contar con internados, en educación privada también se tienen estudiantes foráneos aunque en menor nivel. En la UVM, ITESM y UANE el índice de alumnos alcanza el 20% o menos de los jóvenes que dejaron sus hogares para estudiar en Saltillo.
LIBERTAD
Los padres de Domingo Gómez no conocen el dormitorio donde vive, tampoco conocen a los cuatro muchachos con los que comparte las noches. No se dan cuenta a la hora que llega cuando termina de trabajar como mesero en el hotel Quinta Real.
“Nunca han venido mis papás, ellos saben que aquí vivo pero no saben más, pero yo me porto bien, trato de hacer las cosas bien y sacar más dinero porque lo necesito”, dice recostado en la cama superior de la litera del dormitorio 2 del internado Porfirio de la UAAAN.
Los 350 pesos que gana el fin de semana los destina para asuntos escolares o comprar jabón y champú. No falta a misa los domingos y procura terminar las tareas rápidamente para tener tiempo de trabajar sin descuidar los estudios.
La historia se repite en las vidas de Andrés García, de 20 años, de San Luis Potosí; Alfredo Plascencio, de 20 y originario de Morelos, y Bernabé López, de Chiapas, con 21 años. Se reúnen en el dormitorio y platican lo difícil que a veces resulta estar lejos de casa.
“Si uno fuera mal hijo o mala persona se dedicara a los vicios. No te digo que no tomo algo de repente, pero sé que eso no me va dejar nada bueno, ni las mujeres”, dice entre risas Bernabé.
El trabajo de meseros, en lugares como Villa Ferré, Hotel Quinta Real y algunos bares del Centro de Saltillo, lo consiguen porque pasan la información de voz en voz. “Parece que unos vieron un anuncio y empezaron a correr el chisme de que pagaban bien porque saben que somos estudiantes y que no tenemos tiempo para trabajar en otra cosa”.
Andrés García asegura que la libertad de vivir solo y lejos de la familia es mucha y es buena. No tiene que dar explicaciones a nadie y aunque extraña ya se ha acostumbrado en dos años que lleva estudiando en la UAAAN.
“Te la pasas bien, está muy bien estar aquí en el internado porque como quiera tiene uno a los compañeros” afirma.
RIESGO
Aunque la mayoría son ventajas, la vida lejos de casa también tiene riesgos. Para la psicóloga y catedrática de la Facultad de Psicología de la UAdeC, Gabriela Linares, el que no se cuente con los límites directos del núcleo familiar implica cierto descontrol en los jóvenes.
“Los muchachos tienen valores, pero el hecho de la distancia y la falta de un límite puede destantear a los chavos, pero los padres también deben estar al pendiente y mantener comunicación directa con ellos”.
Explica que los principales problemas a los que se enfrentan hombres y mujeres son los vicios como el tabaquismo, el alcoholismo y las drogas, pues la libertad de no tener horarios fijos ni rendir explicaciones inmediatas a nadie los lleva a confundirse.
Sin embargo, esta experiencia también sirve para madurar. “Los muchachos solos van experimentando y se van haciendo responsables, así como no tienen a quién rendir cuentas por llegar tarde, tampoco tienen quién les haga de comer, les tienda la ropa y esto los sitúa en la realidad, se tienen que hacer responsables” concluyó.
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