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TVnotas / Estados Unidos.- Un incidente que puso en peligro su vida lo animó a cambiar sus hábitos.
Bryan Ganey, de Carolina del Sur (Estados Unidos) pensó que iba a morir el día que sus padres lo encontraron tirado en unos arbustos al lado del edificio donde vivía.
Bryan pesaba 261 kilogramos, pero a él parecía no importarle su deficiente condición física. A la edad de 37 años, tenía un índice de masa corporal de alrededor de 87. Un IMC superior a 30 se considera obesidad.
“Estaba absolutamente convencido de que estaba teniendo un ataque al corazón. Los médicos me habían dicho antes que, por mi tamaño, si alguna vez tenía problemas de corazón, no podrían operarme. Así que había una gran posibilidad de que este fuera el final; iba a llegar allá y no habría nada que pudieran hacer”, dijo.
Durante años, Bryan trabajó en el turno nocturno en un centro telefónico a 32 kilómetros de su casa.
Su alimentación era extrema: no desayunaba, comía comida rápida en el almuerzo y la cena y luego pasaba por una pizza o bocadillos en las tiendas de abarrotes mientras se dirigía a casa. Además, con frecuencia bebía más de 3.5 litros de refresco al día.
El 20 de junio de 2010, después del'incidente' en los arbustos, Bryan decidió dar un giro a su vida. Lo que él pensaba era “ataque al corazón” era en realidad una embolia pulmonar, o un coágulo de sangre que había viajado a sus pulmones, bloqueando su flujo de oxígeno.
Bryan pasó 6 días en una cama de hospital, cubierto de hematomas causados por los anticoagulantes que fueron bombeados en su cuerpo. “Al principio, me sentí como una víctima, como si alguien o algo me hubiera hecho esto”, dijo Bryan en un video de YouTube sobre su experiencia. “Pero entonces la realidad se impuso y el dolor se convirtió en rabia. Mi condición era inaceptable”.
Varios médicos de ese hospital le sugirieron una cirugía para bajar de peso, pero Bryan se negó. Tanto él como su madre tenían amigos que habían pasado por la cirugía y sufrían complicaciones.
Hoy en día, Bryan, de 39 años, cuenta su historia desde el asiento del conductor de un auto en el que no habría entrado hace dos años. Compra ropa en grandes almacenes, compra un asiento de avión en lugar de dos y duerme toda la noche.
“Lo mejor de todo el peso que he perdido es despertarme cada día y darme cuenta de que ya no peso 261 kilogramos”, dijo con una sonrisa. “Las mayores recompensas son las más pequeñas”.
Bryan inició con pequeños pasos el viaje hacia la pérdida de peso. Después de salir del hospital, empezó a moverse: en un primer momento, empujando un carrito de compras en la tienda de comestibles, como un niño aprendiendo a caminar. Luego se aventuró a ir al buzón al final del camino de la entrada a su casa. Pronto caminaba varios kilómetros en un solo día.
Perdió 59 kilogramos en los primeros seis meses, y luego bajó otros 63 kilos más durante el transcurso del siguiente año. Con 1.72 metros de estatura, Bryan ahora pesa poco menos de 136 kilogramos.
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