Acuña, Coah.- VIOLENCIA EN EL NOVIAZGO
Un empujón, luego de una diferencia de opiniones, no le llevó a María N., ni siquiera a pensar mal de su novio. Seguramente tuvo un mal día. Y por no ceder en lo que él quería en ese momento, se le subió el enojo… lo disculpó.

Del empujón pasó a una cachetada, cuando María había salido con sus amigas y no le avisó. “Es que es muy celoso, y preocupón. Se inquieta por si algo llegara a pasarme”, pensó. Y después llegó la pedida de perdón, el no lo vuelvo a hacer, así que todo quedó en el olvido.

El tener control sobre su novia, el querer saber donde anda, qué hace, con quién está cuando no están juntos, tampoco fueron para que le cayera “el veinte” a María, que feliz le dio el “sí” cuando le pidió que se casaran.

Fueron los primeros signos de una tormentosa relación que iría más allá de un empujón, ya casados, y en sus primeros meses de embarazo, algo pasó que la furia se apoderó de Sergio N., y los golpes no sólo amorataron la cara de quien decía amar con todas sus fuerzas, sino, que tuvo que ser hospitalizada, pues uno de los golpes había sido para su pequeño vientre. Afortunadamente el bebé estaba bien. Ahí mismo en el hospital donde fue atendida, llegó una psicóloga a hablar con María de la violencia intrafamiliar que estaba viviendo.

Violencia en el hogar

Todavía incrédula María escuchaba a la profesional, ella no podía creer que le estuviera sucediendo a ella. Ella no era de las mujeres que son golpeadas por su marido. Ella hacía todo lo posible por que su matrimonio funcionara, cumplía a cabalidad los deseos de Sergio, le tenía la ropa limpia y planchada, aunque alguna terminara en el rincón por una ligera arruga. No salía de casa, más que para lo necesario, tenía todo limpio y se esmeraba en ofrecer una sabrosa comida cada día.

Aunque extrañaba a sus amigas, ya no las frecuentaba, pues a Sergio le caían mal y su familia cada vez más espaciaba las visitas, pues si el marido llegaba cuando alguien acompañaba a María, el espectáculo era de esperarse por un disgusto de que le quitaran el tiempo que le debía a él, cuando llegaba del trabajo cansado y esperando su compañía.

La gota que derramó el vaso, fueron los golpes que pudieron haberle provocado un aborto, y el amor a su bebé que le hizo poner los pies sobre la tierra y darse cuenta del maltrato físico y psicológico del que era víctima por su marido.

Salida de la violencia

Encontró refugio en un albergue, pues se las ingenió para salir del hospital antes de que Sergio llegara por ella, luego de derramar un mar de lágrimas, diciendo que lo sentía, que no sabía lo que hacía, que no volvería a pasar.

María se encontró a sí misma fuerte y con ganas de salir adelante por el bebé que estaba por llegar, y recibió todo el apoyo de una institución para mujeres maltratadas, donde encontró calor y afecto, y poco a poco obtuvo una vida libre de temor y de sobresaltos, aunque tuvo que cambiarse de ciudad.

Ella tuvo un final feliz, al poderse librar de una vida de violencia que muchas veces termina con la vida de la víctima.

Como es el caso de dos mujeres que murieron a manos de un ex marido y de un amante. Sus nombres no son los reales, pero cada mujer que vive violencia intrafamiliar puede darse cuenta que pasa y más seguido de lo que se piensa, en cualquier estrato social, sin importar la cultura, la educación o el dinero.

Estrangulada

Susana N., era pachanguera, muy divertida, le encantaba ir a fiestas, ir al cine, a bailar. Con sólo 28 años de edad, estaba en la flor de su juventud, y era realmente bonita, güera, de ojos claros y alta.

Con un fracaso sentimental que le llevó a engendrar a su única hija, trabajaba y atendía a su pequeña, que siempre la esperaba al cuidado de su abuela, al regreso del trabajo o de algún festejo.

En los últimos días Susana andaba muy contenta, se había encontrado “un valiente” como ella decía, que prometía sacarla de trabajar y proveer todo lo necesario para ella, su hija y su madre.

Había un “pero” que no tomaba en cuenta Susana; los arranques de celos del “valiente” los tomaba a broma. Ella era bonita, siempre había sido el centro de atención, los hombres volteaban a verla y a lanzarle piropos, y ella, estaba acostumbrada.

Una noche fue diferente. Llegó a su casa en la madrugada y su hija al oír el motor de una camioneta, ya se quedó contenta de que su mami había regresado. Pero se le hizo extraño que pasó el tiempo y ella no bajaba. Fue a buscarla y ahí estaba Susana, pero sin vida. Su amante la estranguló y huyó. Dejando en la orfandad a una niña y en el desamparo a su madre. Del asesino todavía no se sabe nada.

Muerta a tiros

El crimen de Esperanza N. conmocionó no sólo a su familia, sino a los vecinos y a la comunidad entera.

Era una señora que tenía aproximadamente 60 años de edad, y había vivido más de 30 años en una eterna violencia, que al paso del tiempo y al ver a sus hijos grandes y con sus vidas hechas, decidió abandonar a su marido y retomar la vida que había perdido entre gritos, golpes, malos tratos, entrelazados con amor, un amor mal entendido.

Tomó su ropa y un día salió de su casa para no volver. Puso la demanda de divorcio y por más que la buscó su marido para que volviera con él, ni las amenazas valieron.

Ella estaba decidida a poner un ¡hasta aquí!

Eso le caló a Rogelio N., un macho mexicano que acostumbrado estaba a que sólo sus chicharrones tronaran. A que Esperanza sumisa cumpliera sus más mínimos deseos. Se sentía solo.

No había quien le hiciera la comida, quien le diera un café caliente en la mañana, quien le acercara la ropa limpia y planchada y le preparara el baño.

Quien fuera el centro de sus malos tratos, de su egoísmo, de sus habladas y si andaba borracho, de las golpizas que dejaban tirada a quien le había jurado amor una tarde en la iglesia, hacía muchísimos años.

En una de sus borracheras, el odio por ser abandonado emanó de su perturbado cerebro y tomó una pistola que siempre guardaba para sentirse “seguro” y salió a buscar a Esperanza.

Se la encontró en la calle, antes de que atardeciera y ahí mismo, no lo pensó dos veces, y baleó a la madre de sus hijos, a su compañera de 30 años, quien quedó tendida en un charco de sangre, mientras la vida se le escapaba miraba sin poder creer a Rogelio que soltó la pistola, se subió a su camioneta y huyó.

Hoy es el Día Internacional de la NO Violencia contra las Mujeres. No se deben permitir más asesinatos por un mal entendido amor. ¡Ya basta!
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