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hace 6 años
[Bicentenario]

Benito Juárez, el indio zapoteco

José Carlos Agundiz Hernández

La Historia nos cuenta cosas que en muchas ocasiones no reflejan la realidad de nuestros héroes

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Saltillo, Coah.- La historia oficial nos ha causado un daño tremendo al ocultar hechos vergonzosos de nuestros héroes nacionales, aunque comprensibles desde la perspectiva humana porque fueron seres de carne y hueso con virtudes y debilidades, y no esos seres inmaculados y puros que nos hicieron creer a lo largo de los años; hombres vulnerables y discutibles de nuestra patria y de nuestra historia.

Benito Juárez ha sido el centro de la divinidad dentro de nuestra historia, se le rinde pleitesía como si fuera un dios, pero pocos, muy pocos son los que saben que Juárez fue uno de los más grandes traidores de la patria, la mayoría de los documentos que lo demuestran siguen vigentes y a través del tiempo, nadie los ha desmentido, porque la verdad siempre será superior a los héroes.

Algunos historiadores y escritores aún se siguen preguntando el porqué de ese culto terco y obstinado por Juárez, se trata de una idolatría que no debe seguir manifestándose, ante tantas imperdonables traiciones hacia la patria que gobernó, por cierto, por más de 15 años, sin haber mediado nunca una elección.

Pocos recuerdan ya, que el indio zapoteco se convirtió en hombre educado y de conciencia gracias a la Iglesia católica, esa que tanto atacó; fueron los católicos los que sacaron a Juárez de la ignorancia, de ser un analfabeta; la Iglesia lo elevó a persona civilizada, aprendió a hablar español, traducir el latín, adentrarse en la literatura, la filosofía y la teología.

Juárez no fue tan inteligente como nos cuenta la historia oficial, era más bien mediocre intelectual y cultural, y don Justo Sierra asegura en su libro “Juárez” que “como político don Benito jamás fue un orador siquiera mediano, no hablaba, no reía y hasta escribía con cierta dificultad”.

En su libro “Traiciones de Juárez”, Selerino Salmerón asegura que: “Juárez jamás fue un genio ni nada que se parezca; se afirma que Juárez fue el autor de las Leyes de Reforma, y es una de las mentiras más grandes de nuestra historia, porque en la junta anfictiónica de Nueva Orleáns, la logia masónica fue la que le dictó estas leyes a don Valentín Gómez Farías, para su aplicación en nuestro país, en septiembre de 1835 y por designios de la casualidad le tocó a Juárez aplicarlas”.

Desde siempre, el Benemérito ha sido acusado de haber sometido por la fuerza a la Iglesia católica y no como se pretende hacer saber, que la separación del poder civil fue por la aplicación de las Leyes de Reforma, cuando la verdad es que fue un sometimiento brutal a la Iglesia, al poder del Estado.

Es más, Juárez, intentó organizar una iglesia cismática mexicana, colmando de poderes al padre Rafael Díaz Martínez, quien tendría a su cargo organizarla y cuyo jefe sería el presidente Juárez.

Don Ignacio Ramírez “El Nigromante” en uno de sus escritos, desde la prensa liberal, aseguraba que: “Juárez es uno de los más despreciables de nuestros personajes”, don Ignacio, masón también como Juárez, siempre criticó las violaciones a las leyes por parte del entonces presidente, como aquella ocasión en que salió de la República, en el año de 1858, rumbo a Panamá, La Habana y Los Estados Unidos, pasando sobre la legalidad del Congreso de la Unión, la que ordenaba que el presidente no podía abandonar el país, sin autorización expresa del Congreso.

En otro de los artículos del “Nigromante”, éste afirma que: “El presidente Juárez fue el más sanguinario que ha tenido el país, como lo prueban las víctimas de Atexcal, de Puebla, Sinaloa, de Charco Escondido, de Tampico; el asesinato del general Máximo Molina en Morelos y sobre todo los 200 fusilados en la ciudadela, la noche en que el general Rocha la asaltó, en el mes de octubre de 1871. En los cinco años corridos de 1867 a 1872, el presidente Juárez derramó más sangre a espaldas de la ley, que el general Porfirio Díaz en sus treinta años de gobierno”.

En la historia de México estará para siempre grabado el Tratado McLane-Ocampo, mediante el cual el presidente Juárez concertó tratados indecorosos con los Estados Unidos de Norteamérica; el tratado con Francia, pernicioso y entreguista, y el Tratado con Inglaterra, mediante los cuales poco importaba el territorio nacional, siempre y cuando estas potencias brindaran apoyo económico a su gobierno, para mantenerse indefinidamente en la silla presidencial y poder derrotar a todos sus enemigos.

Juárez firmó ante el presidente Lincoln, a través de Manuel Doblado, como enviado plenipotenciario, otro de los vergonzosos tratados: el Tratado Corwin-Doblado, mediante el cual hipotecaba todos los terrenos públicos de la nación, más todos los bienes de la Iglesia a cambio de un préstamo de 11 millones de pesos.

El presidente Lincoln le pidió además los territorios de Baja California, Sinaloa, Chihuahua y Sonora, según consta en el documento secreto enviado por el secretario de Estado William H. Seward a su embajador en México, Thomas Corwin.

Juárez recibió 60 millones de pesos del Gobierno inglés, mediante la firma del tratado Dunlop-Ocampo, que aparte le daba reconocimiento oficial a su gobierno. A cambio, México y Juárez se comprometían no solamente a pagar esos 60 millones, sino que aceptaron que Gran Bretaña nos invadiera, nos vapuleara y nos degollara en caso de que no pagáramos la deuda. En principio Inglaterra cobraría el 3% de réditos, aunque luego dijeron que no era el 3, sino el 6%, y el sumiso de Juárez aceptó.

Revisando las bases protocolarias del tratado McLane-Ocampo, se desprende de lo firmado, que el gobierno de Benito Juárez entregaba en posesión a los Estados Unidos la Baja California, dos vías férreas que iban del Golfo al Pacífico y el derecho perpetuo para transitar por el Istmo de Tehuantepec, a cambio de ser reconocido como el presidente legítimo de nuestro país.

Y diga usted que nos fue bien, porque en un principio el presidente Juárez pretendía vender a Estados Unidos una nueva frontera, a partir del paralelo 22, es decir, estaba dispuesto para su reconocimiento a ceder medio territorio nacional, desde Zacatecas, Durango, San Luis Potosí, Sinaloa, Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, Chihuahua y Sonora, incluida desde luego la Baja California.

Ese Juárez que todos conocemos, que la historia dice que separó al Estado de la Iglesia o a la Iglesia del Estado, fue en realidad un católico práctico, asistía públicamente a procesiones con los brazos en cruz y musitaba oraciones tras el Santísimo Sacramento; exhortaba a los empleados de Gobierno en Oaxaca a que hicieran penitencia, se confesaran y comulgaran para implorar la ayuda divina para que cesaran ciertas calamidades y se dirigía en escrito a los ayuntamientos oaxaqueños, cuando era gobernador, recomendándoles que exigieran a los fieles católicos el pago exacto a la Iglesia de los diezmos y las primicias.

Don Antonio López de Santa Anna fue de lo más inmoral y funesto para la patria, traicionó a Iturbide, traicionó como masón sus convicciones de católico y jugó incontables veces con los intereses de la patria, sin embargo tuvo sus momentos de patriotismo… Juárez nunca los tuvo.
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