Pero en todos los casos será necesario que la familia cambie estrategias, para estar más tiempo cerca de ellos y percatarse a tiempo de los cambios de temperamento que registren, afirmó la maestra en Ciencias de la Familia y Desarrollo Humano, Martha Leticia Meléndez Zermeño.
La directora del Instituto de Educación y Formación Humana explicó que los adultos son responsables del grado de violencia que manejan los alumnos.
“Los disturbios sociales informan sobre el tipo de comunidad que está creando el adulto, y somos copartícipes de lo que estamos viviendo y la violencia que estamos viendo nos asusta y nos paraliza, pero en los jóvenes se crea un contexto o hace laxa su capacidad de frustración con respecto de la violencia”, manifestó.
Se trata de un proceso de adaptación a este tipo de situaciones, porque de no hacerlo sería más lastimoso. “De esta forma, los jóvenes prefieren decir: ‘Ah, sí ya había pasado algo así, ya estoy acostumbrado’; a decir ‘Qué susto, otra vez, me voy a mi casa o pido ayuda’, lo que significa un mecanismo de defensa para no salir más lastimados”, expresó.
Dijo que siendo una sociedad comunitaria, los cambios que se provocarían en las relaciones humanas de estos jóvenes y niños que están viendo actos de violencia, es que se individualicen y ya no haya convivencia con los demás.
“Pueden tener manifestaciones, sin que los padres se den cuenta, como insomnio, pesadillas, descompensaciones o abusos de los alimentos, la ingesta de alcohol o el empezar a fumar, porque eso le permite tranquilizarlos, distracción de sus labores cotidianas por estar en redes sociales al ver esos videos que se tomaron de los eventos, y por salud no debemos de hacerlo porque representa daño a nuestra salud emocional”, manifestó.
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