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Ciudad de México.- A cuatro años de haber iniciado su estrategia de combate al narcotráfico, 2011 fue para el presidente Felipe Calderón el año en que los sectores de la sociedad civil en desacuerdo con su estrategia le propusieron un debate y ocurrió un hecho impensable hace una década: un diálogo directo y sin intermediarios entre el Presidente y la sociedad civil.

Además de los diálogos por la paz en el Castillo de la Chapultepec —en 2011 se dio la creación de la Fiscalía Especial para las Víctimas del Delito— la Presidencia retomó con fuerza la promesa hecha en  2008 de impulsar la limpieza de las policías del país, pero también fue el año en que Calderón decidió impulsar a su delfín, en la contienda interna del PAN para elegir a su candidato a la primera magistratura.

El escenario

En 2010 se registró el mayor número de homicidios en el país desde inicios del siglo XX: fueron 24 mil 374 los mexicanos que murieron en forma violenta de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Desde que inició la guerra contra el narcotráfico, las cifras de personas asesinadas pasaron de ocho mil 867 en 2007, a 14 mil en 2008, llegando a los 19 mil 803 en 2009.

En enero de 2011, el gobierno federal estimó que de los 24 mil 374 asesinados en 2010, 15 mil 273 habían sido abatidos en disputas entre cárteles rivales o en acciones del gobierno para perseguir a los criminales.

En esas circunstancias surgieron una serie de organizaciones y movimientos que se oponían a la estrategia de lucha contra el narcotráfico. Un grupo de ciudadanos asumieron su liderazgo, ya que a muchos los unía una terrible tragedia: la muerte violenta de sus hijos.

Uno de ellos fue el poeta Javier Sicilia, quien perdió a su hijo, Juan Francisco, el 28 de marzo de 2011 en Temixco, Morelos, e impulsó la creación del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

Otro personaje importante fue el empresario Alejandro Martí, quien en 2008 sufrió el secuestro y el asesinato de su hijo Fernando, de 14 años, y más tarde crearía la organización México SOS, entre otros.

Sicilia convocó a una marcha que se volvió multitudinaria y recorrió casi dos mil kilómetros del país; después convocó a Calderón a dialogar; la Presidencia aceptó la invitación y el 23 de junio se dio en el Castillo de Chapultepec, el primer diálogo por la paz.

Al llegar Sicilia pidió un minuto de silencio por los muertos en el contexto de la guerra contra el narcotráfico y le hizo dos peticiones al Presidente, a las que Calderón respondería con un rotundo no: que abandonara la estrategia militar de combate al crimen y destituyera a Genaro García Luna, titular de la Secretaría de Seguridad Pública.

El mandatario le dijo a Sicilia: “Lo irresponsable hubiera sido no actuar. En eso Javier, tú sí estás equivocado”, pero aceptó darle una disculpa a las familias de las víctimas, por no haber actuado antes en su favor.

Argumentó que las muertes que afligían al país no eran responsabilidad exclusiva del Estado, sino de los enfrentamientos entre los grupos criminales, y que fue justamente por esa razón había definido su estrategia contra el crimen.

Al finalizar el encuentro, los participantes acordaron reunirse tres meses después; los funcionarios —entre ellos el extinto secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, y la procuradora general de la República, Marisela Morales— se llevaron una tarea: atender los casos que se habían expuesto allí, incluyendo secuestro y asesinatos.

Al día siguiente el jefe del Ejecutivo escribiría en su cuenta de Twitter: “Dialogué ayer con familiares de víctimas de la violencia, entre ellos Javier Sicilia. Fue para mí una experiencia intensa y aleccionadora”.

Dos meses después, las organizaciones sociales se reunieron con Blake Mora y con Morales entre otros funcionarios; al finalizar el encuentro declararon a la prensa que los avances en las investigaciones de los casos eran muy limitados.

El 14 de octubre el mandatario se volvió a reunir con las organizaciones sociales, en esa ocasión le prometió a Sicilia impulsar una ley de protección a víctimas del delito.

Crean Províctima

Otro elemento de la política calderonista de 2011 que respondió a los reclamos sociales fue que el 6 de septiembre de ese año, por decreto presidencial, fue creada la Procuraduría Social de Atención a Víctimas del Delito (Províctima), con el objeto de que “las víctimas y ofendidos por el delito reciban efectivamente los apoyos que brindan las dependencias del gobierno federal… ayudar a las familias en la búsqueda de personas desaparecidas, orientando a quienes no saben a dónde acudir”.

A un año de su creación, la dependencia ha tenido altas y bajas; algunas víctimas se quejan de que tiene personal y recursos insuficientes, otros temen que los logros que ha tenido Províctima desaparezcan con el cambio del partido en el gobierno, pues fue creada por decreto presidencial.

¿Y en materia de seguridad?

También en junio de ese año durante el Consejo Nacional de seguridad, se retomó la promesa hecha en agostos de 2008 por parte del Consejo Nacional de Seguridad, con Martí como testigo, de depurar las policías: se planteó como una prioridad del Ejecutivo la depuración a fondo de las policías, la aplicación de los exámenes de confianza de todas las policías del país.

El mandatario también destacaría que hasta 2011 habían sido capturados o abatidos, 21 de los 37 capos más buscados en el país.

Sin embargo, la violencia en el país continuaba y las víctimas civiles aumentaban. El 25 de agosto sujetos rociaron gasolina en el Casino Royale de Monterrey, Nuevo León, dejando 52 personas muertas, un hecho que condenó Calderón en la capital regia.

Las elecciones internas del PAN

En 2011 Calderón también movía sus piezas con miras a las elecciones de 2012; se hablaba de que su delfín para ser candidato del PAN a la Presidencia era Ernesto Cordero.

Existía además una percepción de que el PRI llevaba la delantera, pues ya había definido a su candidato a la Presidencia, mientras que en el blanquiazul la campaña interna consumiría el segundo semestre de 2011 y sería hasta 2012 que los militantes elegirían a su candidato.

A inicios de 2011 se especulaba que Calderón quería ver como candidato del PAN a la Presidencia a Ernesto Cordero, o al recientemente fallecido, Alonso Lujambio, entonces secretario de Educación. Pero en mayo de ese año quedó claro que Cordero era el elegido. En la contienda interna estaban también Josefina Vázquez Mota, coordinadora de la bancada panista en San Lázaro, y Santiago Creel.

El momento en que fue evidente que Cordero era el favorito de Los Pinos, se dio en mayo de 2011, cuando el ahora presidente del Senado pronunció en Palacio Nacional un discurso que disipó dudas.

“Aspiraciones sí tengo, pero por el momento cumplo con una altísima responsabilidad al frente de la Secretaría de Hacienda. Como panista y como demócrata, estoy obligado a cumplir con los tiempos que marcan la ley y mi partido”,  afirmó.

Pero conforme fueron pasando los meses, fue evidente que el presidente Calderón perdía poder al interior del blanquiazul y en la contienda interna, poco o nada pudo hacer por contrarrestar el capital político que Vázquez Mota iba acumulando. En 2012 los panistas eligieron a Vázquez Mota como su candidata a la Presidencia.

Otro revés sufrido por Calderón en 2011 con miras a las elecciones de 2012 en las que tenía la expectativa de que el PAN pudiera permanecer en el poder, fue la derrota del PAN, con su candidato Luis Felipe Bravo, frente al candidato del PRI, Eruviel Ávila, en el Estado de México.

Busca continuidad

Como parte de una estrategia, mediante la que Calderón buscaba lograr que el PAN tuviera continuidad en Los Pinos, empezó a insistir, a mediados de 2001, en los logros económicos que había tenido, en particular, el haber logrado estabilidad económica, a pesar de la debacle financiera que arrastró al planeta entero con la crisis de Wall Street en 2008.

Y empezó a manejar un discurso claramente anti-PRI: hablaba de que durante los 70 años de dominio priista, el país no había sido una democracia y en la presentación de su informe de gobierno en septiembre, en el Museo de Antropología, argumentó que los altos índices de violencia no habían empezado con su gobierno.

Allí esgrimió una teoría que repetiría varias veces en los siguientes meses: que en una primera fase había bandas criminales en México, pero las fuerzas de seguridad las controlaban; después vino una segunda fase en la que el crimen corrompió al Estado y creó complicidades con él.

“Encontró instituciones policiales y ministeriales en todo el país, y en los tres órdenes de gobierno, que no estaban preparadas para hacerles frente” dijo, para de inmediato señalar que fue justamente ante esa situación que su administración tomó la decisión de actuar “Ese es el riesgo que corríamos y que evitamos en México”, concluyó.

En la misma tónica, durante una entrevista que dio a The New York Times en octubre de ese año, expuso que de llegar a la Presidencia, los priistas “retomarían los pactos del pasado” con el crimen organizado, declaración que generaría tremendo escozor en el país.

Un noviembre triste

En noviembre de ese año enfrentaría, por segunda vez en el sexenio, la muerte trágica de un miembro de su gabinete: Francisco Blake Mora, que en ese momento era secretario de Gobernación y siete funcionarios más perdían la vida tras desplomarse el helicóptero en el que viajaban.

Tras el fallecimiento de Blake Mora, el mandatario expresaría públicamente que eventos trágicos como ese “son los que ponen a prueba a las instituciones del Estado”.

Cambios 2011

Previo a los comicios

El año pasado estuvo marcado por los acomodos de los distintos aspirantes a un cargo de elección popular que se disputaría en 2012. Las principales dependencias federales, así como algunos gobernadores y dirigentes partidistas, definieronsus posiciones al respecto.

Fue un año donde los accidentes de funcionarios del gobierno federal no estuvieron ausentes y la delincuencia siguió escalandó el saldo de asesinatos.

Casos como el del Casino Royale, donde murieron 52 personas, o el hallazgo de narcofosas en diferentes estados, principalmente en Tamaulipas y Durango, fueron eventos cotidianos.

A fin de año, la agenda de los políticos pareció terminar de acomodarse rumbo a los comicios y la delincuencia pactó una tregua previo al arribo del papa Benedicto XVI.