La esclavitud se ha convertido en el modus vivendi para los candelilleros, su día se consume entre los áridos paisajes en busca de la planta, que tras ser tratada en ácido, les proporciona un pedazo de cerote, el cual le compran a no más de 30 pesos el kilo, dejando en la miseria a sus familias.
Perales Zertuche aseguró que la situación es insostenible aún y cuando la cera que producen es de la mejor calidad a nivel mundial; por lo que destacó la intervención de las dependencias federales Fonaes (Fondo Nacional de Apoyos para Empresas en Solidaridad), y Financiera Rural, para mejorar el panorama desolador.
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