Río de Janeiro.- Betto Almeida es quizás el hombre más afortunado de Brasil: su trabajo es pintar a las modelos desnudas del Carnaval, por lo recibe hasta 2 mil dólares diarios.

Su trabajo regular es de director de arte para telecomedias. Almeida dijo que para el carnaval más famoso de Brasil, desde hace 12 años ha estado pintando con todo tipo de métodos algunos de los cuerpos más bellos del desfile.

Michele Pares, una modelo de 28 años que sólo viste unos pantaloncillos negros diminutos, zapatos con tacón de aguja de piel de serpiente y un reloj, dijo que la calidad del trabajo de Almeida era vital para su ocupación rentable.

"He estado haciendo esto desde hace nueve años, para el Carnaval y otros eventos", afirmó mientras Almeida le pintaba un jaguar en sus pechos, bajo la mirada atenta de varios hombres fuera de su estudio. "El es el mejor pintor de cuerpos que he conocido y su trabajo atrae más atención hacia mí. Es bueno para él y es bueno para mí".

Las jornadas de Almeida durante el Carnaval comienzan como las de muchos trabajadores comunes y corrientes. El artista de 36 años despierta a las 8 de la mañana, toma un desayuno ligero, sobrevive a un viaje por el terrible tránsito de la ciudad y llega a su estudio a las 11 de la mañana. Entonces trabaja como esclavo durante horas, pintando los cuerpos de mujeres espectaculares.

"Usted no creería cuántas solicitudes recibo para trabajar como mi ayudante", afirma Almeida, mientras aplica con una brocha pintura naranja luminosa en el estómago de una modelo en su estudio de tres por tres metros (10 por 10 pies), bajo las graderías cubiertas del Sambódromo, donde los desfiles del Carnaval de Río acabaron la madrugada del martes.

"Pero es un trabajo difícil. Tomo mi trabajo en serio".

De hablar suave y modesto, Almeida consagra su arte a los desfiles de samba: modelos que ganan aproximadamente 250 dólares por noche a cambio de desfilar, cubiertas sólo por pintura, con las escuelas de samba y sus carrozas alegóricas.

Mientras las modelos contestan preguntas, Almeida sigue trabajando. Frente a sus rodillas, detrás de Pares, zambulle su brocha en una de las decenas de botellas plásticas que corta por la mitad para poner pintura, antes de pintar cuidadosamente manchas de jaguar atrás de los muslos de la modelo.

Con sudor en la frente, dice que el trabajo es pesado, pero vale la pena. Una agencia de modelos que le ofrece trabajo a las mujeres le paga a él unos 1.000 dólares aproximadamente por las dos horas que le toma pintar a cada modelo. Durante los desfiles de samba, él pinta a dos mujeres por noche. En un año típico pintará un mínimo de 50 mujeres para varios actos públicos.

"Yo empecé haciéndolo para teatro y una de las autoridades del desfile de samba me preguntó si lo podría hacer para las modelos del Carnaval. ¿Cómo podría responder que no?", dijo, mientras comía una hamburguesa con queso después de terminar con Pares. "Muchos hombres están celosos de mi trabajo".