Acostumbrada al trabajo diario, el ingreso de la industria al Centro Estatal de Readaptación Social femenil significó para ella la oportunidad para obtener un empleo, apoyarse a sí misma y brindar a su familia el recurso económico que “nunca está de más”.
Como ella, las otras 36 internas del centro femenil ocupan su tiempo en la fabricación de indumentaria de seguridad, a cargo de la empresa JYRSA, logrando así una nueva forma de sustento en el sistema de readaptación social.
El primer paso se aplica en el taller de corte y confección, donde el hilo, la aguja y las máquinas de coser son el instrumento principal. Ahí se encargan de realizar los trazos, cortes y uniones de los chalecos de seguridad que se utilizan principalmente en trabajos de carretera.
De acuerdo con la directora del centro, Romelia Valdez Cortez, la producción alcanza los 12 mil chalecos por semana, situación con la que se demuestra la calidad de la mano de obra de las internas, refrendado por la confianza que la empresa externa les ha depositado.
“Vamos a cerrar este año con muchas satisfacciones, gracias al ingreso de la industria y al éxito que ha tenido entre la población el taller de fabricación de piñatas, que es la segunda fuente de ingresos para las chicas”, comentó.
Asimismo, explicó que de acuerdo con el último Programa de Supervisión de Centros de Internamiento de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el Cereso femenil local obtuvo el primer lugar a nivel nacional en el diagnóstico del respeto a los derechos de las personas y en la readaptación hacia la sociedad.
Al momento de ingresar a la segunda área de la maquiladora, Valdez Cortez señaló que el centro obtuvo la calificación de 9.62. Además de los 12 mil chalecos, fabrican una cantidad parecida de prendas de seguridad para cuartos fríos, hechos a base de tela capitonada.
De igual manera, realizan cortes extra que son trasladados posteriormente al centro penitenciario de Apodaca, Nuevo León, “se les manda la tela cortada para que las chicas del otro centro se encarguen únicamente de las costuras”.
María Gutiérrez Ramírez también pasa su tiempo en el taller de costura, pues el trabajo representa una buena terapia emocional, en donde puede canalizar todas sus energías y cumplir con sus labores de la mejor manera.
En el área de uniformes para cuartos fríos, ellas se muestran emocionadas ante la presencia de una cámara, por lo que no pierden la oportunidad para vestir alguno de los chalecos y overoles que mantienen en la bodega, “si queremos hacer bien nuestro trabajo, tenemos que estar seguras de que las prendas son cómodas y prácticas al momento de usarlas”.
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