Eduardo García | Saltillo, Coah.- En el aislamiento ha encontrado paz y una tranquilidad que no sabe ni en qué momento perdió, así como la libertad espiritual, pues siempre andaba drogado, “en el avión” como él mismo dice, razón que lo llevó a asaltar a un taxista y por la cual regresó a ser inquilino del Cereso.

Dos robos con violencia lo mantienen encerrado desde hace tres años, tiempo que Víctor Alfonso Cázares ha aprovechado para reflexionar sobre la vida que llevaba antes de reincidir.

“Siempre andaba “despegado” por el vicio, por la piedra, me metía de todo, desde muy chavo era común que me trajeran por pleitos callejeros y demás”, comenta sobre la condena que purga.

Antes, sólo duraba de tres a cuatro meses encerrado, pero luego de violar su libertad condicional al faltar a las firmas mensuales y asaltar a un taxista con lujo de violencia, al que le robó 500 pesos, finalmente lo apresaron y le dieron una condena de 10 años 11 meses, sin derecho a fianza ni a beneficios.

“Estaba completamente perdido en las drogas, ya no distinguía lo bueno de lo malo” señala con una mueca de desaprobación, al recordar un pasado que, aunque ya fue desea no olvidar, porque teme que al salir de prisión caiga en los mismos errores, ya que en los tres años que lleva dentro del penal se siente limpio, tanto por fuera como por dentro y le gustaría hacer una mejor vida cuando salga.

Declara que se siente sumamente feliz, pues desde hace dos años mantiene una relación sentimental con Marlene López, a quien conoció en los días de visita, cuando ella iba a ver a su hermano, quien resultó ser su ex compañero de celda y que, a pesar de las circunstancias, ella lo acepta aún en su condición de reo, ya que al igual que él, ella considera que amar es también perdonar.

Sin embargo no todo es grato para Víctor en estos momentos. Siempre que recuerda a su ex esposa y a su hija se le hace un nudo en la garganta, pues en el tiempo que tiene en el Cereso nunca fueron a visitarlo, y ahora menos, ya que se marcharon a Estados Unidos en busca de un mejor futuro. “Y no las culpo, pero no dejo de extrañar a mi niña”, dice al punto de las lágrimas.

“Uno se acostumbra a entrar y a salir del ‘penacho’ una y otra vez, hasta que te dejan entambado, por eso les digo a los jóvenes que no le hagan al vicio, porque los lleva a hacer cosas peores, es como si te entrara el diablo”, recuerda Cázares de su experiencia en la calle y por la que terminó privado de su libertad.

Da gracias de que en el reclusorio haya mucho trabajo, así como diferentes talleres donde puede aprender algún oficio, además de la oportunidad de practicar algún deporte, porque de esta manera se mantiene ocupado pensando en cosas positivas para que el tiempo no se haga eterno.
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