Desde entonces, Gustavo Alberto Villa cuenta los días que le restan para salir del reclusorio y así disfrutar la dicha de ser padre de tiempo completo, ya que asegura que cuando la pequeña lo visita los minutos se le pasan “volando”, pues para él es muy triste verla sólo cada 15 días, cuando su esposa la lleva de visita.
“Ella es la razón más grande que tengo para salir de este lugar, para comenzar de cero y comportarme como se debe, cada vez que viene está más grande, es más inteligente, se parece mucho a su mamá, gracias a Dios”, dice Villa con los ojos vidriosos ante la posibilidad de salir dentro de año y medio por mantener buena conducta durante su estancia en el Cereso.
Para Gustavo, lo más complicado de estar encerrado, además de no poder ayudar a su familia en situaciones difíciles, como en el reciente caso del huracán “Alex”, que arrasó con colonias enteras en la ciudad.
Sin embargo, Gustavo reconoce su culpabilidad ante los delitos que se le imputan y afirma que ya pagó su delito con creces, al perderse los primeros años de vida de la pequeña Gloria y mantiene la esperanza de quedar en libertad.
Y aunque prefiere no ahondar en el delito que lo mantiene tras las rejas, Gustavo comparte que no hay nada en este mundo que valga la pena para correr el riesgo de estar cautivo por tantos años. “Tres robos con violencia”, dice tras un corto silencio.
“Tengo 27 años, de los cuales me voy a echar la cuarta parte de mi vida aquí; siempre veo las misma caras, la misma gente”, recapacita, en tanto se limpia las manos cubiertas de cemento sobre su camisa, ya que mientras purga su condena trabaja en la construcción de una nueva maquiladora en el interior del Cereso.
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