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Brenda Macías Sánchez | México, DF.- Aquel que haya sentido una amenaza real o imaginaria de que podrían arrebatarle a un ser querido; aquella que no ha podido recuperarse de alguna pérdida sentimental, o a quien le provoca envidia el éxito de otros, experimenta una respuesta emocional incómoda: la celotipia.

Sobre los celos, Sor Juana Inés de la Cruz, la Décima Musa, escribió: “…¿cómo sin tenerlos puede el amor estar perfecto? Son ellos, de que hay amor, el signo más manifiesto, como la humedad del agua y como el humo del fuego. No son, que dicen, de amor bastardos hijos groseros, sino legítimos, claros sucesores de su imperio”.

Sor Juana nos hereda esta bella imagen barroca, sin embargo los especialistas en la salud mental nos dan un punto de vista distinto. Los celos no tienen nada que ver con el amor, coinciden Cinthia Cruz del Castillo y Óscar Galicia, ambos investigadores del Departamento de Psicología de la Ibero.

Los seres humanos, por su extraordinaria capacidad cognoscitiva, son capaces de delirar, imaginan posibles escenarios donde la pareja los abandona, los humilla porque es infiel. Galicia Castillo dice que la celotipia es un síntoma pre psicótico.

Los celos son una manifestación patológica de algo que no es amor, normalmente es una manifestación de inseguridad, de necesidad de control y de narcisismo. No siempre están ejemplificando el amor o el cariño que se tiene hacia una persona, no son una demostración cuantitativa del amor, son una manifestación cuantitativa de la salud mental del sujeto.

Como una morsa

El doctor Óscar Galicia, coordinador del Laboratorio de Neurociencias de la Ibero, comenta que los celos derivan de una conducta biológica primitiva, se relaciona con el apareamiento y el cuidado del territorio.

Por ejemplo, las morsas y los leones marinos disponen de un harén de entre 40 y 50 hembras. Los machos luchan entre ellos para decidir quién es el dominante. Algunas de estas fricciones terminan en simples gruñidos y posturas amenazantes, pero muchos otros se convierten en batallas violentas y encarnizadas.

Diferencias entre hombres y mujeres

Al menos en las investigaciones que la doctora Cruz del Castillo ha revisado, la edad no es un factor primordial para determinar la intensidad de los celos de una persona, sin embargo advierte que la forma de celar de las mujeres es distinta a la de los hombres.

Ellos son más violentos, exhiben su furia, protagonizan escenas de celos frente a los amigos sin ninguna pena. En cambio las mujeres cuidan las apariencias, son más sutiles, checan el celular de la pareja a escondidas, revisan el traje, huelen la camisa, supervisan que no haya amenaza.

Círculo de la violencia

Este tipo de emoción provoca que la persona permanezca vigilante, “exprime a su media naranja” porque la cree de su propiedad, quiere estar enterada de cada movimiento de la pareja: a qué hora duerme, qué soñó, a qué hora despertó, con quién habló, a quién vio, qué piensa, a quién le escribe, lo espía.

Cuando se convierten en una conducta repetida

por causas irreales, con un explicación irracional del por qué la vigilancia o persecución hacia el otro, cuando no existe evidencia de que ha sido infiel, se vuelve una patología, que incluso puede empujar a la persona celosa a cometer un asesinato, de ahí que las prisiones estén repletas de casos de hombres y mujeres que cometieron un crimen pasional.

Según Gerald and Kathleen Hill, co autores de The People’s Law Dictionary, en un crimen pasional, a causa del desengaño, el perpetrador sufre una repentina alteración de la conciencia y responde violento al impulso, en muchos casos, no premedita el acto.

En otros, la persona celosa priva al otro de la libertad, lo asila, incluso lo secuestra, lo sigue adonde vaya, revisa sus relaciones externas y busca una evidencia de traición.

Dependiendo del caso, la persona afectada requiere una atención psicológica profunda con técnicas conductuales, cognitivas, terapia de pareja y a veces farmacológicas.

Tipos

» Sobre los celos de pareja, la académica Cinthia Cruz explica que pueden ser de tipo situacional, aparecen momentáneamente cuando alguien externo a nuestra relación se acerca a la pareja y coquetea.

» Comenta que en las relaciones tradicionales, el ver que nuestro ser querido podría fijarse o enamorarse de alguien más y abandonarnos, suele incomodar y favorecer la aparición de los celos, porque son mecanismo de defensa, el yo-interno clasifica como más dominante y competitiva a la otra persona, sin embargo es pasajero, siempre y cuando exista comunicación y confianza. La pareja también puede provocarlos para atraer la atención del otro, pero tiene solución si se sientan a dialogar.

» “Los celos de estado” o “celos rasgo” son característicos de la personalidad. Mantienen al individuo inseguro; la persona se siente que pierde lo que ama o que toda la gente la abandona, por cualquier razón, no importa que cambie de pareja.

» La persona celosa vive con una sensación de inquietud, de intranquilidad, genera pensamientos negativos, no es feliz. Estos indicios podrían aparecer desde la infancia, en niños que temen perder a los padres, a
los familiares o a los amigos, si este patrón de miedo extremo, no se atiende por un profesional de la salud mental, avanza y se generaliza en la adolescencia y en la edad adulta.