“A mi hermano el tocar la guitarra le viene desde muy chavito, 7, 8 años. Mi papá la tocaba un poco y le regaló su primera guitarra. Lo mete a clase. Mi gusto empieza después, yo empecé a cantar como a los 18 años. Yo nunca estuve en clases, a diferencia de mi hermano”, asegura Fernando.
Cofradúo fue una derivación natural de la hermandad. Charlie y Fernando iniciaron el camino en el ensamble Tierra Negra, que se disolvió ocho meses después de formado. Los hermanos continuaron tocando por invitación de quienes los habían escuchado, de amigos y familiares, hasta que llegaron al punto de que el dueto era ya un proyecto viable, sólo había que darle forma y sentar un acuerdo.
“Siempre ha habido un acuerdo muy simple. A los dos nos gusta un similar tipo de música, con sus diferencias. Pero claro que hemos tenido que trabajar para sacar un estilo propio. Todo es un acuerdo de vamos a tocar esto, vamos a experimentar, etcétera. No nos enfrascamos en un tipo de música, no nos casamos con un tipo de instrumentación”, afirma el vocalista.
Un grupo implica equilibrio entre sus miembros, una justa proporción que entre familia es difícil porque hay rangos, hay figuras de respeto y de mando. No obstante, eso no ha sido problema para este dueto.
“Siempre hay la confianza para decirnos las cosas un poquito más fuerte. Procuramos ser muy equitativos en el trabajo que nos toca. Es una ventaja porque está dentro de tu familia, lo ves siempre. Es algo sano. No es tan fácil como parece, pero hemos tenido la disponibilidad para seguir en esto. Esto es un hobby para los dos, es un negocio para los dos”, aseguró Fernando.
Paciencia y crecimiento
Cofradúo lleva ocho años, formalmente, en el panorama local e incluso con presencia nacional, gracias a presentaciones como la que hicieron con Hernaldo Zúñiga en el 2001.
Es un tiempo considerable para un grupo, especialmente en estos días en que los músicos buscan éxito instantáneo; no obstante, Cofradúo ha tenido el don de la paciencia y el de saber que el conocimiento y el reconocimiento llegan así: tranquilamente, con solidez, sin prisas.
“El desarrollo ha sido muy paulatino, de a poquito. El apoyo allí está, nuestras ganas allí están y está el público que nos ha seguido durante ocho años. Eso ha hecho que la cosa continúe. Durante este tiempo hemos crecido para que estos tres elementos se mantengan. Vamos cambiando, vamos progresando”, asegura la voz de Cofradúo.
Además de cumplir casi una década, este grupo acumula ya seis discos, de los cuales cuatro fueron producidos por José de Hoyos, empresario local que les ha tenido fe y a quien Cofradúo agradece. También han tenido apoyo de familia, amigos y los fans (que no son pocos) que se han sumado.
“Ha sido muy fácil este desarrollo precisamente gracias a que los apoyos han estado allí y gracias a que todo ha sido tan paulatino. No nos hemos desesperado. La idea es tener un punto fijo a dónde llegar, pero lograrlo paso a paso. Ir cambiando, hacerlo todo mejor. Tener elementos que se puedan utilizar para llegar a otro punto. No se trata de hacer las cosas por hacerlas”, aseguró Fernando.
De hecho, Cofradúo ya está en el armado de un nuevo rostro, que surge tanto por inquietud personal como por complacer a su nutrido público: el rostro de la composición.
“Nuestro siguiente paso es grabar un disco de inéditas, darlo a conocer, seguir nuestro camino como independientes, y ver hasta dónde llega. Luego seguir grabando discos pero ya como
compositores”.
PASO ADELANTE
La idea no era componer por componer: se trataba de iniciar una aventura, pero no a ciegas, no sin los elementos necesarios.
“Los dos esperamos el momento apropiado, cuando nos sentimos listos, para no sacar cualquier cosa. Aquí es siéntate, púlelo, haz que se vea como tú quieres. La idea hay que masticarla para que el público reconozca que hay trabajo, que no es sólo inspiración espontánea”, asegura Fernando.
Tampoco se trata de una idea súbita. Fue una tentación que les tocó de cerca a lo largo de su vida como músicos, reforzada después por la confianza de la gente que les pidió composiciones propias.
“Siempre hubo inquietud de escribir, pero sobre todo porque la gente nos lo pedía. Hemos aprendido de grandes cantautores, de muchos estilos, y ahorita estamos agarrando estos elementos para integrarlos a la idea que ya tenemos bien plantada”.
En el proceso participan ambos. Charlie se encarga de la parte musical, de dar forma a las ideas, de pensar arreglos y afinar los estilos. Fernando tiene a su cargo la parte lírica. En él germinan las ideas, Charlie las hace florecer gracias a su preparación.
Además de la inquietud musical, de las expectativas de los fans y de la necesidad de pasar esa aduana con Cofradúo, personalmente para Fernando ha sido una experiencia emotiva muy intensa. Casi se podría decir que en esta etapa no sólo se busca un rostro nuevo para Cofradúo, sino que tanto para Charlie como para Fernando se trata de revelar una nueva identidad de lo que ya son.
“Es una descarga muy satisfactoria. Yo he escrito siempre. Se me ha dado de una manera muy natural, catártica. Lo que sufriste en un momento ahora lo disfrutas, lo presentas con otros ojos. Es lo que son las canciones: una manera de plantear las cosas y que la gente las adopte y diga esta es la manera que yo necesitaba para decirlo”, aseguró.
6 producciones integran la discografía de Cofradúo, proyecto de Charlie y Fernando.
8 años de trayectoria cumple esta agrupación saltillense.
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