La leche y sus derivados, el huevo, el frijol y aceite son los principales insumos en una familia tradicional en la ciudad y de ahí se basa su alimentación diaria.
Doña Rita Segovia llegó junto con su esposo, que padece de discapacidad visual, a un negocio que se ubica en la colonia Provivienda.
Pidió unas bolsas y empezó a meter dos zanahorias, dos papas, apenas tres tomates, cinco calabacitas y un kilo de frijol.
“Todo está por las nubes, ya ve todo lo que aumentó. El frijol ahora lo conseguimos a 26.90 pesos el kilo y es demasiado porque ya ni eso vamos a poder comer”, dice mientras que sigue observando los precios de algunas verduras en el negocio.
El huevo dice que pasó de 17 pesos a 24 y es lo que a diario comen él y su esposo, gracias al apoyo de su único hijo que los ayuda en su manutención.
“Lo más necesario es lo más caro y uno está al día. ¿Qué podemos hacer? Pues batallar: compramos una cosa y otra no. Este día así le hago: compro estas verduras pero no el huevo”.
La encargada del negocio coincide con doña Rita: “Todo subió: la leche y sus derivados, el huevo lo hizo en los últimos días de diciembre, lo mismo el aceite, la fruta y tortillas, y no nos dijeron por qué”.
Al lugar llega otra ama de casa que apenas alcanza a tomar siete huevos y le piensa para llevarse medio litro de aceite.
“Son milagros lo que hacemos, ya no se puede comer ni frijoles ni huevo porque todo está muy caro. Antes eran 19.50 pesos lo que nos costaba el aceite. Haciendo milagros es cómo estamos comiendo”, dice.
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