Estas seis mujeres, que miran hacia el horizonte desde el fondo del cuadro, son parte de la muestra “La Flor y el Abanico. Retratos de Damas Mexicanas” que se inauguró el pasado miércoles, en el marco del Festival Viva Saltillo.
Procedentes de la Colección del Museo Arocena de Torreón, estos retratos buscan ejemplificar “la condición social de la mujer a través de la pintura de retrato femenino en los siglos 18 y 19”.
Cada pintura está llena de símbolos premeditados que buscan resaltar los valores de la época. Las flores, por ejemplo, “aluden a la fugacidad de la vida efímera alegoría y deseo perpetuo de belleza, juventud y riqueza”.
En la exposición aparecen un par de retratos de monjas en los que la corona funge un papel importante pues representan “los ideales de virginidad y pureza”.
Uno de los elementos infaltables en la muestra es el abanico, una “metáfora de la modestia e imagen de la intimidad, no se mostrará abierto en el retrato cortesano –dice la descripción–, en concordancia con las reglas de rectitud y honestidad”.
Cada uno de los retratos está acompañado de una breve descripción con los elementos a resaltar. Por ejemplo, en el retrato de una dama del siglo 18 (Anónimo Novohispano), se destaca su vestido que “recuerda la moda francesa de 1770”.
En la exposición también se incluyen dos retratos de niñas muy diferentes. En el primero la mirada de una niña tierna que carga un perro contrasta con su lujoso vestuario; en cambio la otra (de J. Sánchez) es presentada con el abanico desplegado y un discreto escote, lo que según la descripción alude a su “ingreso al mundo de los mayores”.
“La Flor y el Abanico. Retratos de Damas Mexicanas” permanecerá en el Rubén Herrera hasta octubre próximo.
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