Internacional

Publicado el miércoles, 1 de julio del 2009 a las 07:49
Washington, EU.- Hasta antes del golpe de estado que ha expulsado a punta de pistola al presidente de Honduras, la administración del presidente Barack Obama nunca ocultó su falta de sintonía con Manuel Zelaya, un mandatario más identificado con las posiciones del grupo encabezado por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
A pesar de ello, en las horas previas a la insurrección golpista, funcionarios del Departamento de Estado mantuvieron intensos contactos con altos cargos del gobierno, de las instituciones y del ejército de Honduras a través de su embajada en Tegucigalpa para tratar de evitar un desenlace que hoy mismo enfrenta a Estados Unidos al difícil dilema de defender a un hombre con el que no coincidía políticamente —lo que quizá infundió ánimos golpistas a la cúpula militar de Honduras—, pero que al que nunca deseó ver derrocado por un golpe militar.
“Por eso el presidente Barack Obama ha decidido sumarse al consenso de América Latina de condenar el golpe y reconocer a Manuel Zelaya como el presidente legítimo”, consideró Peter Hakim, presidente de Diálogo Interamericano al tratar de explicar las aparentes contradicciones o ambigüedades en las que ha incurrido el gobierno de Estados Unidos a la hora de condenar el golpe de Estado en Honduras.
“Para nadie era un secreto, desde la pasada cumbre de la OEA en Honduras, que el Departamento de Estado no sentía un gran entusiasmo y hasta estaba molesto por algunas de las actitudes y posiciones del presidente Zelaya”, añadió Hakim. “Pero eso no quiere decir que haya estado a favor de un golpe”, sentenció.
A pesar de la contundencia empleada por Obama, desde el Departamento de Estado las muestras de condena hacia un golpe de Estado se han visto matizadas. Hillary Clinto, se mantenía en el terreno de la indefinición a la hora de decidir la suspensión de toda ayuda al gobierno golpista de Roberto Micheletti.
“Existen aspectos legales. Necesitamos confirmar si acaso, legalmente, el orden constitucional ha sido subvertido para decidir la suspensión de la ayuda”, dijo el portavoz del Departamento de Estado, Ian C. Kelly.
Además, la Casa Blanca confirmaba hoy su decisión de mantener a su embajador en Tegucigalpa, Hugo Llorens, a contracorriente de la decisión de otros gobiernos de la región que han decidido el retiro de sus representantes. “Creemos que es importante tener un representante sobre el terreno en la búsqueda de una solución” a la crisis, justificó Robert Gibbs, portavoz de la Casa Blanca. En medio del desconcierto, Clinton, añadía mayor dosis de confusión al no recibir al presidente depuesto.
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