México, D.F. (REFORMA) En sólo 10 minutos, y sin disparar un solo tiro, el Ejército desplegó sigilosamente a un grupo de soldados alrededor de la casa a plena luz del día, forzó las entradas y sorprendió, acostado en una cama, a Sigifredo Nájera Talamantes, “El Canicón”, presunto responsable de las ejecuciones de nueve militares y seis federales en Monterrey.

El narco, de 24 años, acusado también por los ataques contra el Consulado General de Estados Unidos y las instalaciones de Televisa en Monterrey, fue atrapado el viernes al mediodía mientras descansaba en su domicilio del fraccionamiento residencial San Patricio, al norte de Saltillo.

Minutos antes de su captura, unos 200 soldados encapuchados del 69 Batallón de Infantería de la Sexta Zona Militar, con sede en Coahuila, y agentes de la SIEDO delinearon en el fraccionamiento un perímetro de seguridad.

Decenas de elementos se habían atrincherado en azoteas y autos estacionados en espera de una balacera con Nájera Talamantes. No obstante, la acción no duró más que unos minutos.

Unos momentos después, una Van color guindo de la PGR ya tenía asegurado a “El Canicón” y cinco de sus cómplices.

Fuentes militares indicaron que Nájera fue sorprendido acostado en una cama. El “pitazo” de sus compañeros sobre el operativo militar aparentemente no llegó.

El narco, quien fue presentado el viernes en la noche en las instalaciones de la Sedena, se hacía de recursos en Nuevo León y Coahuila.

Considerado por el Gobierno federal como un criminal sanguinario, a Nájera se le atribuyen desde secuestros y extorsiones hasta piratería y robos a ductos de Pemex.

Dos días antes de su captura, “El Canicón” ya había sido ubicado por el Ejército y personal de la SIEDO, informaron fuentes oficiales.

Incluso, había sido fotografiado manejando un Altima deportivo blindado, con placas de Nuevo León, por las calles del centro de Saltillo.

De acuerdo a las fuentes militares ya había tres denuncias anónimas sobre la casa marcada con el número 350 de Paseo de las Rosas, del fraccionamiento residencial San Patricio.

Las quejas se referían a la continua entrada y salida de vehículos en la madrugada, a la presencia de gente armada y de fiestas muy escandalosas.

El mediodía del viernes, los mandos militares recibieron reportes de que “El Canicón” había ingresado a ese domicilio cerca de las 11:00 horas, tras una noche de fiesta.

Personal de Infantería arribó a bordo de tres camiones para asegurar el perímetro del fraccionamiento, mientras elementos de las Fuerzas Especiales rodearon el domicilio.

A bordo de siete camionetas Cheyenne del Ejército, los mandos del operativo coordinaron a sus elementos para ingresar al mismo tiempo por el frente y la parte posterior del inmueble.

Forzaron las puertas, gritaron “todos quietos” y, en unos segundos, los militares ya estaban frente a un “Canicón” visiblemente aturdido.

A Nájera y su banda les aseguraron ocho armas largas, tres armas cortas, un aditamento para lanzagranadas, 24 granadas, cuatro chalecos antibalas, decenas de cartuchos y cinco vehículos, dos de ellos blindados.

“La única resistencia del capo, según nos reportan, fue al bajar de la camioneta para transportarlo por avión al Distrito Federal. Venía muy molesto”, añadió la fuente militar.

Tras un día agitado, los militares remitieron a “El Canicón” al Campo Militar Número Uno en la Ciudad de México.