“El no aceptar que se tiene un problema de adicción, es el primer obstáculo para su rehabilitación y su retorno a la sociedad como una persona sana; pero a veces internarlo es la única opción de sus familiares, ya que es preferible un lugar donde se busque su rehabilitación a la cárcel o a la muerte”, afirmó Juan Martínez Ceniceros, encargado del centro, quien ha vivido en carne propia el drama de la drogadicción y tiene dos años limpio.
El Centro que tiene dos años y medio funcionando, está ubicado en el cruce de las calles 20 de Noviembre y Capitán Leal de la colonia Benito Juárez, y forma parte de una red de 154 CRREAD que están distribuidos en la República Mexicana, la matriz está en Michoacán.
Se sostiene con colectas de los mismos participantes que están en una etapa avanzada en su recuperación y que pueden salir a la calle; con los muebles que elaboran ahí mismo y los ponen a la venta, con donaciones de los familiares, de gente altruista e inclusive de apoyos de un centro comercial y del BIA.
Heriberto Vallejo Cerna, quien es el director del CRREAD y que lo trajo a esta ciudad, fue rehabilitado en uno de los centros, y es un ejemplo, como hay muchos, de que se puede salir de una adicción aunque signifique mucho trabajo y un esfuerzo que se vive día a día.
Actividad
En el CRREAD, las actividades empiezan antes de las 7:00 de la mañana, con la limpieza, le sigue la primera de las tres juntas que se tienen al día, la base para aceptar el problema y trabajar en la solución, posteriormente se desayuna y cada quien a sus labores.
“La ocupación es primordial, aquí se enseña carpintería y soldadura, y al mantener la mente y el cuerpo ocupado, es un paso que se avanza en la rehabilitación. Se hacen casas de mascotas, de niñas, clósets, libreros, entre otros muebles. Además, se tiene la oportunidad de que al aprender un oficio, pues tenga algo qué hacer cuando se reintegre a la sociedad”.
A mediodía antes de comer, se tiene la segunda junta también de una hora, posteriormente todos a comer y a seguir en las labores. Todos ayudan, todos se ocupan en algo en la casa y están listos para la tercera junta del día, que es a las 6:00 de la tarde y que dura dos horas.
Todos los martes y jueves, se tiene servicio espiritual, así como la visita del psicólogo y una vez al mes, acude un psiquiatra para quien requiera de medicinas, pues hay personas que llegan en muy mal estado y la etapa de desintoxicación es muy fuerte, que no todos pueden sobrellevar sin medicamento controlado.
Al ingresar, un drogadicto debe pasar por tres meses a puerta cerrada, no puede salir del centro, es el periodo de desintoxicación, en que se le desconecta de las amistades, de la vida a la que estaba acostumbrado, de todo el exterior. Posteriormente viene la rehabilitación, con las terapias, las juntas diarias, experiencias de los mismos internos, testimonios, pláticas sobre la destrucción que hacen las drogas en el organismo, la afectación al individuo, a su familia, a su entorno social.
En el CRREAD hay personas de todas las edades que están en la búsqueda de salir de las drogas, desde jóvenes de 15 años hasta adultos mayores de 64.
“Por lo regular, los jóvenes son canalizados por el DIF, por Seguridad Pública o por sus mismos padres, que ya no saben qué hacer. En cambio, algunos adultos mayores que ya tienen 30 ó 40 años tomando, llegan al límite y deciden cambiar de vida”, apuntó Martínez Ceniceros.
Salir
Las personas que están en estos momentos en su lucha por salir del mundo de las drogas, son de otras ciudades principalmente, de Monterrey, Hidalgo, Nueva Rosita, Palaú, Múzquiz, y esto se debe, a que el afectado al estar en el mismo lugar de origen del problema, está más cerca de la tentación y de querer volver a lo mismo.
“Es mejor para quien desea librarse de la drogadicción hacerlo en un lugar lejos de su casa, de su ambiente, de sus amistades, de su centro y así, al salir a trabajar no se va a topar con quienes anduvieron con él en el vicio y será más fácil seguir en la lucha por una vida libre de drogas”, añadió el encargado del CRREAD.
Libres
El camino hacia la recuperación de un adicto es muy difícil, con tropiezos, caídas y vueltas a levantar. Pero hay muchos que sí lo logran y al integrarse a la sociedad y a su familia, vuelven al centro a dar su testimonio de que sí se puede, hablan por teléfono, incluso llegan con su familia de visita, afirma Juan, mientras le da instrucciones a José para el corte de una madera que será parte de una mesa, un mueble pedido por un cliente.
Las drogas no son exclusivas de una clase social, ni sólo de hombres o de jóvenes. No hay edades, clases sociales ni géneros para su afectación. La drogadicción es un problema al que hay que temerle, y que si no es tratada, el pago es muy alto pues está entre la cárcel, la muerte, enfermedades letales, o la desconexión total de la realidad.
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