La gran mayoría de estas mujeres son anónimas, pero algunas sí tienen un rostro público y son verdaderas líderes, no de otras mujeres, sino de una causa: la lucha por el cambio. Una de ellas es Lina Ben Mehenni, activista de derechos humanos de Túnez, quien fue una de las principales impulsoras de la revuelta que derivó en el fin del régimen de Zine al-Abidine Ben Alí, a través de Twitter y de su blog http://atunisiangirl.blogspot.com.
Asmaa Mahfouz, “la mujer que vale por 10 hombres”, se ganó este apodo luego de convertirse en una de las jóvenes líderes que ayudaron al derrocamiento del presidente Hosni Mubarak en Egipto.
Es una de las fundadoras del grupo juvenil opositor 16 de Abril. A mediados de enero, Asmaa, también conocida como “la muchacha que aplastó a Mubarak”, colgó un video en YouTube (http://www.youtube.com/watch?v=SgjI gMdsEuk ) donde invitaba a los jóvenes de su país a salir a protestar contra la corrupción de un régimen que se prolongó durante tres décadas.
En el video llama a la gente a manifestarse en la plaza Tahrir el 25 de enero: “Si aún tenemos honor; si queremos vivir con dignidad en esta tierra, tenemos que ir el 25 de enero”. Los resultados de esa gran manifestación hoy son historia. Egipto inició un nuevo capítulo y Asmaa ayudó a lograrlo.
En Yemen, donde se supone que vivió la reina de Saba, una de las primeras mujeres gobernantes, Tawakaul Abdel-Salam Karman lidera con firmeza las protestas contra el presidente Alí Abdulá Saleh. Es periodista y miembro del opositor Partido Islah, lo mismo que del grupo Women Journalists Without Chains (Mujeres Periodistas Sin Cadenas). El 22 de enero fue arrestada por encabezar las protestas. Dos días después fue liberada. Su lucha por el cambio aún está en marcha…
Las invitaciones a protestar no siempre tienen éxito. El 29 de enero, ya caído el régimen de Ben Alí, la Asociación Tunecina de Mujeres Demócratas intentó organizar una marcha protagonizada sólo por mujeres, exigiendo un Estado laico e igualdad de género. Grupos de hombres lo impidieron. Citada por la agencia EFE, Jadiya Charif, una de las integrantes del grupo dijo: “Estamos reconstruyendo el país y durante un largo tiempo no hemos podido hacer escuchar la voz de la mujer para construir una sociedad igualitaria, ciudadana y democrática”.
Se llamaba Neda
La inserción femenina en las protestas en Medio Oriente tiene un precedente inmediato en Irán, cuando en 2009, en el marco de las protestas por los resultados de los comicios en los que Mahmoud Ahmadineyad resultó reelecto, surgió la “marea verde”, integrada por muchas mujeres, que entonces fueron cortejadas por los candidatos de la oposición, conscientes de su cada vez mayor importancia.
Y quién no recuerda a Neda, la joven iraní que pagó con su vida su participación en las protestas a manos de la milicia Basij. La imagen quedó para siempre grabada en un video que dio la vuelta al mundo.
La otra lucha
Las mujeres del mundo árabe-musulmán viven una situación de franca desigualdad (que por supuesto no es privativa de esa parte del mundo); muchas de ellas habitan sociedades que, usando argumentos religiosos o culturales, las tienen oprimidas y con derechos limitados (no pueden salir solas, viajar, conducir, pilotar o trabajar sin el permiso de sus maridos).
Van por la calle enfundadas en sus burkas, niqabs o chadors. Pero a pesar de las barreras, físicas y culturales, religiosas y sociales, en los países árabe-musulmanes hay mujeres aguerridas que logran convertirse en médicos, abogadas, periodistas o políticas. Cada vez conquistan más espacios y día a día luchan contra las limitaciones que les imponen o su religión o su cultura.
Pero la lucha es ardua. En Arabia Saudita, por ejemplo, las mujeres viven uno de los climas con menos libertades en el mundo árabe. En el marco de la ley islámica, tienen prohibido conducir, trabajar, viajar solas; no pueden representarse a ellas mismas en el sistema de cortes y… no pueden votar. Consideran que “algunos hombres no nos ven siquiera como seres humanos”.
En Yemen la situación es peor, pues se combina con la pobreza (es el país más pobre del mundo árabe). Ahí, las mujeres son consideradas propiedad de los hombres, no pueden salir sin permiso y las pueden detener en las calles; se casan tan pronto como pasan la pubertad. Las yemeníes describen su situación como “medieval”.
En Irán, las mujeres no tienen derecho al divorcio y cuando testifican ante alguna corte su testimonio vale la mitad que el del hombre. No pueden recibir herencias, como en casi todos los Estados árabes.
De acuerdo con los datos de la CIA en su portal electrónico, en Egipto el porcentaje de mujeres alfabetizadas es de 59.4%, frente al 83% de los hombres, mientras que en Yemen la tasa es de sólo 30%, contra 70.5% de los hombres; en Túnez el porcentaje de mujeres alfabetizadas es de 65.3%, comparado con 83% de los hombres; en Libia la tasa es de 72% contra 92% y en Omán 73% contra 86.8%
Representación parlamentaria
En el terreno político, los avances han sido más lentos. Así, a pesar de que en la nación egipcia existe una cuota de género para el Parlamento (64 asientos), las féminas sólo ocupan nueve. Con todo, es posible hablar de avances: hasta el 31 de enero de 2011, de acuerdo con datos de la International Parliamentary Union, las mujeres en los Estados árabes ocupaban 11.7% de los asientos en ambas cámaras parlamentarias. De nación en nación, no obstante, la situación es sumamente dispar, pues va del 1.8% de participación femenina parlamentaria en Yemen, a 15.2% en Túnez, por ejemplo.
Es justamente Túnez donde se ha marcado un hito en la lucha por los derechos de las mujeres: el aborto está legalizado y hay una lucha contra la violencia doméstica. Paradójicamente, fue el propio Ben Alí quien promovió la mejora de los derechos del mal llamado “sexo débil”.
Teniendo como punto de referencia todo lo anterior, se explica que la revista The Atlantic destacara en enero pasado lo inusitado de una foto que circuló durante las protestas egipcias donde una mujer besaba en la mejilla a un soldado. La publicación resaltó que era una situación extraña, en un país donde apenas se tolera que “hombres y mujeres se tomen de la mano en público en los precintos más liberales” y donde “las muestras públicas de afecto” se tropiezan con miradas reprobatorias y murmuraciones.
En su blog, Lina Ben Mehenni dice que los tunecinos “rompieron las barreras del miedo”. Lo mismo han hecho miles de mujeres en el mundo árabe, que en estos días decidieron liberarse del doble yugo de la opresión, el que imponen los regímenes tiranos y el de sus sociedades, para dar al mundo entero una gran lección de valor, para lograr su “mitad del cielo”, de la que hablaba Mao Tse Tung.
Magda Adly, del Centro El Nadim para la Rehabilitación de Víctimas contra la Violencia, es contundente: “El mundo árabe está en una revuelta contra las dictaduras. Por eso vemos mujeres, islamistas o no, con velo o sin velo, juntas y liderando los acontecimientos. Esa es verdadera equidad y nunca regresaremos al punto de partida”.
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