Atrás ha quedado la fea imagen de una ciudad invadida por la maleza que había en los llamados lotes baldíos y que representaba un riesgo y un peligro para la población, principalmente aquellos que se encontraban cercanos a las escuelas y que los menores utilizaban con frecuencia como caminos de paso.
Si bien es cierto que las autoridades han realizado el mejor esfuerzo para lograr un mejor desempeño de sus funciones atendiendo siempre los reclamos de la ciudadanía en este aspecto, ahora la responsabilidad recaerá también en los ciudadanos, quienes deberán de cuidar que estas áreas no se conviertan en tiraderos de basura y apoyar para evitar que la maleza no invada de nueva cuenta estas áreas.
El simple hecho de que una ciudad luzca limpia habla bien de la cultura de los ciudadanos que habitan en ella, genera mayor seguridad en la población y se convierte en un atractivo más para los inversionistas, ya que el progreso y el crecimiento económico de una ciudad no se encuentra sólo en manos de las autoridades, sino también en las manos de quienes la habitan.
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