Saltillo.- Todo un manjar es el que disfruta Delfino Cuéllar Rentería en Navidad y Año Nuevo, y no exactamente en la ciudad, pues todos los años acude a los ejidos Chapula y al Pino, por San Juan de la Vaquería, rancherías donde está la verdadera fiesta y los más exquisitos platillos, según comentó.

“Siempre festejo, pero en el rancho; se come de todo: tamales, buñuelos, carne asada, de todo, no es como en la ciudad, que se empiezan a golpear los pandilleros en la calle, prefiero pasarla 100% en el rancho, es más tranquilo, por eso año con año me voy para allá”.

Y es que según comenta, una cena navideña resulta ser más económica, además de que la carne es más fresca.

“En el rancho matas a un marrano y se ahorra uno todo lo que en la carne se gastaría en la ciudad. En esta época muchos suben los precios y no debe ser así, al contrario, deberían de dar un precio más o menos; yo me he fijado, va uno al rancho y todo está mas barato que en la ciudad, ahí aumentan todo, menos el salario”.

Afirmó que definitivamente en la ciudad simplemente se gasta más, pues hace unos días fue a comprar unos bolos, pues fue padrino de dos niños Dios, “gaste mil 500, y eso fue leve, sólo compré como 200 bolos, el cacahuate está muy caro, está casi en 40 pesos, ya no es como antes”.

“Si vas al rancho, a cualquier casa que vayas hay quesos, tamales….pero señores tamales, no como los hacen en la ciudad, aquí sólo les enseñan la carne, allá es la hoja completa, porque la carne la preparan con tiempo. Si voy hacer un Rosario, me preparo con tiempo, compro un marrano y a engordarlo, o un becerro para barbacoa, si compro 10 kilos de carne en la ciudad, me saldría muy caro, en el rancho con una chiva haces una fiesta en grande”.

Por eso apenas llega el 23 de diciembre y muchos empiezan abandonar la ciudad, como es su caso, pues además sostuvo que se respira paz y tranquilidad.

Allá, a muchos kilómetros de la ciudad, se podría pensar que los niños ante la pobreza de su familia, no tiene la oportunidad de soñar con un juguete en navidad, pero la historia es diferente.

“No se acostumbra los juguetes, allá les compras un carrito o una piñata con bolos y están contentos, no están impuestos, les gusta más andar en los caballos, se olvidan de los carros, de los juguetes, no es como en la ciudad, que piden juguetes muy caros, aparte en el rancho están más despiertos, les dices que ese juguete se los trajo Santa Claus y te dicen que no es cierto, que tu se los compraste”, concluyó.
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb
Comentarios