Su primera pregunta hacia Zócalo Saltillo nos hizo interesarnos en su caso, con voz temerosa y calmada se acerca y pregunta “dónde estamos”, al ver nuestro interés por su problemática comienza a platicar su tragedia en busca de ayuda y algo para comer.
Los moretones en sus ojos y rasguños en el cuello revelan la golpiza a la que fue sometido por policías regiomontanos, quienes no conformes con la paliza que le dieron, le quitaron el dinero que traía para regresar a su tierra natal, motivo por el cual ahora vaga por el norte del país en busca de un empleo para conseguir dinero.
Sus labios secos son la muestra del hambre que ha pasado durante los dos últimos días en su travesía por regresar a Jalisco, estado donde vivió apenas hace un mes y el cual abandonó por cumplir el “sueño americano”, mismo que se vino abajo unas horas antes de cumplir su primer semana de trabajo.
TECNOLOGÍA Y CORRUPCIÓN
“Soy soldador, yo trabajaba en Guadalajara en una empresa pero nos liquidaron, se acabó el trabajo y un amigo me invitó a trabajar en Estados Unidos, me dijo que nos iban a pagar 25 dólares la hora en una empresa y me animé”, dijo..
La soledad en su estado tras la pérdida de sus padres y la migración de su hermano al país vecino, alentaron a este hombre para viajar hacia los Estados Unidos.
Comenta que la tecnología y la complicidad de autoridades aduanales, hacen posible el paso sin ningún riesgo, no tienes que mojarte, pasar frío, y esconderte de la migra, sólo pagas 2 mil 500 dólares y estás del otro lado.
“Pasamos por el puente en Laredo, pagas 2 mil 500 dólares y hay un japonés que te hace una visa, te toman la foto y tus huellas dactilares y ellos te indican en qué momento pasar, te dicen ‘te vas a ir detrás de él’, y luego pasas”, comentó el migrante, quien agregó que al cruzar el puente esa falsa visa es destruida por el “pollero”.
Así comenzó su aventura hace apenas un par de semanas por los Estados Unidos, donde de inmediato se puso a trabajar como soldador.
Pero un día antes de cumplir su primera semana de trabajo y antes de poder cobrar por sus servicios, las autoridades migratorias los tomaron por sorpresa en el lugar donde prestaban el servicio, y tuvo que ser deportado.
“No alcancé a cobrar, apenas llevaba una semana y llegó la migra y nos cargó a todos, nos encerraron y luego nos deportaron en Laredo”, manifestó el afectado, el cual consiguió un trabajo temporal como soldador y ganó unos cuantos pesos para poder regresarse a su estado.
SU PEOR DECISIÓN
Pero la desesperación por llegar a su tierra, hicieron que llegara a Monterrey para que el boleto de viaje le saliera más barato.
“Me fui a Monterrey, y llegué con unos policías para preguntarles cómo llegaba a la central para irme a Guadalajara. Les conté que me habían deportado y se dieron cuenta que traía dinero, me agarraron para quitármelo y pues me defendí, y fue cuando me golpearon”, dijo.
Ahí en la ciudad regia intentó acudir a los medios de comunicación, pero su ingenuidad lo llevó a aceptar un trato con elementos de la policía para no denunciar los hechos, pero de nueva cuenta fue víctima de las autoridades.
“Me llevaron a un canal de televisión con un tal Benavides, y cuando estaba por entra llegaron policías y me pidieron que no denunciara, que ellos me iban a dar para el boleto y regresarme, pero ya cuando me salí no me dieron nada, por eso empecé a preguntar y a pedir raid a los traileros en la carretera”.
Así comenzó su largo viaje por el norte del país, se fue a una gasolinera en Santa Catarina donde esperaría quien le diera un “aventón”, durmió una noche hasta que una alma piadosa lo trajo hasta Saltillo, lo dejó en la central de autobuses y comenzó a pedir ayuda e información del cómo llegar a su destino.
‘LOS MEXICANOS SON MUY GACHOS’
“Yo ya no quiero saber nada, nada más quiero regresar, los mexicanos son muy ‘gachos’, cómo es posible que entre nosotros mismos nos hagamos esto, por eso pido ayuda para irme de aquí a mi casa”, manifestó.
“Ya me quiero ir, ya no sé si aquí es Estados Unidos o es México, cómo es posible que allá me hayan tratado mejor mis compañeros que aquí que es mi país, lo peor es que fueron policías, ya no sé en quién confiar”, finalizó Juan Martínez, quien aún tiene la esperanza de toparse con una alma piadosa que le de trabajo para conseguir unos cuantos pesos y regresar a Guadalajara.
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