Los fétidos olores se hicieron presentes en diversas colonias cuando las coladeras comenzaron a desbordarse y los arroyos se llenaron de agua con basura, siguiendo su vertiente y recorriendo gran parte de los cauces naturales que han sigo poblados irregularmente.
“Esto es cada que llueve, no se puede vivir así y luego con niños, se les dice a los que tiran la basura que no lo hagan, pero también las autoridades no hacen nada”, comentó Rebeca Flores Aguilar, habitante de la Universidad Pueblo.
Los niños, sin conocer la procedencia de las aguas que corren por las calles, llegan a jugar con ella, mojándose unos a los otros con el peligro de contraer alguna infección, así también de los animales y los olores que provienen de los arroyos.
“No sabemos qué hacer, pero da hasta asco comer en la casa y más con los niños (…) las casas que están junto al arroyo les va peor, hasta ya se les caen las bardas porque se desmoronan”, mencionó Karina Díaz, madre preocupada por el bienestar de su hija de un año, que consideró está expuesta al foco de infección al igual que cientos de familias que viven aledañas a los cauces naturales.
“El cuento de nunca acabar” para muchos saltillenses, que también inconscientemente construyen sus casas en los arroyos sin pensar que las lluvias serán un peligro para su hogar.
“Dicen que va a seguir lloviendo, mejor voy a ir por unas lonas o algo porque tengo lleno de agua adentro”, añadió Rebeca Flores.
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