Ubicada a 24 kilómetros de Saltillo, sobre la carretera a Monclova, se encuentra la magna obra inaugurada en febrero del 2005, bajo la gubernatura de Enrique Martínez, misma que tuvo un costo superior a los 18 millones de pesos.
Aunque en un principio dicha obra se hizo como zona turística, también sirvió para abastecer de agua a ejidos cercanos, los cuales en la actualidad no cuentan con ese respaldo, debido a que se encuentra vacía en casi un 80 por ciento.
Esto debido a que desde un inicio se dieron a conocer algunas fallas como grietas y filtraciones que presentaba la obra, las cuales no fueron reparadas, por lo que no se podía tener al máximo de su capacidad a esta presa.
Es por eso que en la actualidad se puede observar la mínima capacidad a la que se encuentra, pero esto no descarta la peligrosidad de las aguas turbias que han sido testigos de la muerte de personas que han perdido la vida en este lugar.
Y es que durante la época vacacional, familias completas de distintos puntos del estado acudían a pasar un buen rato a esta presa, y a pesar de las indicaciones de no meterse al agua, contradecían los señalamientos y algunos casos terminaron en tragedia.
Durante los últimos cuatro años, la presa Palo Blanco registraba hasta dos personas fallecidas por ahogamiento al año, por lo que las indicaciones por parte de las autoridades correspondientes para insistir en lo peligroso de las aguas por la profundidad y los pozos con maleza que no se observaban por lo turbio del agua, fueron cada vez más insistentes para evitar otras muertes.
A pesar de que este lugar era visitado por turistas de la región y de otros estados, no había vigilancia permanente para evitar estos tipos de accidentes, los cuales en este año han desaparecido con el total abandono de la presa.
Ahora, la resequedad del territorio y la hierba muerta marcan el límite que solía tener la presa cuando se encontraba a su máxima capacidad, lo cual ha quedado en el olvido y en la memoria de todos aquellos que alguna vez visitaron este sitio turístico que albergó, por cinco años, a familias enteras.
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