Saltillo, Coah.- Con un coro de voces angelicales, antes del amanecer inició la homilía para despedir la reliquia del beato Juan Pablo II en la Catedral de Saltillo.

El templo lleno de almas que apenas habían dormido para poder decirle adiós a la reliquia, vibró con las palabras de monseñor Raúl Vera López, quien recordó cómo hace 24 años el Santo Padre lo ordenó pastor de la Iglesia de Cristo y cómo su legado pontificio lo ha impulsado a construir la sociedad desde el respeto a la vida humana.

“ A mí personalmente en estos días hace 24 años, el día 18 noviembre, me llamó para aceptar ser obispo, en estos días, el 20 noviembre él firmó mi nombramiento, el 25 se publicó y el 6 de enero de 1988 él personalmente me ordenó obispo”, reveló el prelado católico.

“Hoy, aquí ante mi persona está un hombre que no tuvo miedo a la muerte, que tuvo presente a los hermanos, un hombre generoso y se me enchina el cuero de la emoción”, dijo.

Narró que en el congreso de 1998, cuando estaba en Chiapas el presidente de la Comisión Episcopal de la pastoral social lo quiso presentar al Santo Padre y antes que intercambiar palabras Juan Pablo dijo: “’Lo conozco’, me conocía, sabía quiénes éramos sus pastores”, mencionó fray Raúl Vera.

Exhortó a los católicos a que la presencia del beato los ayude a entender el quehacer de la Iglesia, pues por algo tuvo uno de los pontificados más largos de la historia de la Iglesia católica.

Pidió la intercesión del beato, para que ayude a seguir llevando a cabo el plan pastoral de la Diócesis de Saltillo, para que como el papa quien entendió que Cristo dejó a su Iglesia para ser fermento de vida en el mundo los católicos respondan ante Dios por esta situación de muerte y violencia que se vive.

Sacerdotes de la Diócesis de Saltillo que no descansaron en la organización del evento multitudinario, así como religiosas de distintas órdenes y miles de feligreses escucharon el mensaje del Obispo de Saltillo, para luego presenciar el espectáculo que ofrecieron jóvenes de colegios católicos.

La luz de pequeñas velas iluminó el fervor religioso y cientos de pañuelos blancos que se repartieron se agitaron una y otra vez para entonar los himnos que inmortalizaron la presencia de Juan Pablo II en el mundo.

Entre la alegría juvenil fue despedido Juan Pablo II, la urna que contenía su sangre emprendió su viaje a la arquidiócesis de Monterrey, en medio de tumultos y un cúmulo de globos se elevaron desde la Catedral hasta el cielo.

‘Valió la pena esperar’

Más de 30 mil feligreses llegaron a la catedral de Saltillo hasta entrada la madrugada de ayer para pedir la intercesión del beato Juan Pablo II; algunos durmieron en las bancas del templo y no descansaron hasta ver como se alejaba de la ciudad para luego llevarse las flores que adornaron su altar.

“Todo estuvo muy bonito, yo estuve toda la noche tenía ganas de estar en presencia de él y de Dios y como no se me hizo verlo en persona, llegué como las 9 desde la colonia 15 de Abril”, comenta la señora Tere Castañuela.

Relata que llegó sola, y en casa dejó todo listo, únicamente les dijo a sus hijos que se iba quedar en Catedral, no llevaba cobijas pero iba bien abrigada y así pasó toda la noche sentada en una banca para platicar con Dios, y aunque confiesa que sintió calosfríos hacia las 3 de la mañana, la espera valió la pena.

Guadalupe Ibarra y sus hijas fueron las primeras en llevarse las flores que adornaron el altar a Juan Pablo II luego que su reliquia partió.

“Me llevo las flores de recuerdo para ponerlas en casa a la Virgen, y pues le pedí muchas cosas por la paz del mundo, por toda la violencia que hay en nuestro Saltillo y para que nos mande muchas bendiciones desde donde él está, porque las necesitamos mucho”, comentó la mujer.

Dice que ellas llegaron desde las 11 de la noche de la colonia Valle Escondido, cuando la fila estaba hasta la plaza Nueva Tlaxcala, a las 12:30 pudieron entrar para tocar la urna que contenía la sangre del papa: “Le agradecimos por lo que tenemos y le pedimos por lo que nos hace falta”.

María Elena Lugo no llegó desde el miércoles, pero madrugó para asistir a la despedida del Papa peregrino, y llevarse las flores que lucieron en el altar, pues espera que su olor llene de bendiciones su hogar y a sus seres queridos.
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