Eduardo García | Saltillo, Coah.- A lo largo de 30 años ya perdió la cuenta de cuántas veces ha caído, pues siempre que se veía en apuros su padre adoptivo pagaba por su libertad. Pero esta vez es diferente, se ha quedado solo, su familia ya no está dispuesta a dar un centavo más hasta que aprenda su lección.

Fernando Reyes González nació en la ciudad de Guanajuato, pero está registrado en Nayarit, esto porque sus padres lo dieron en adopción cuando era pequeño, ahora vivía en el ejido El Tunal, en San Pedro de las Colonias, donde trabaja para un señor al que le dice papá, pues lo quiere tanto como si lo fuera.

“Hace más de 16 años que llegué ahí, él me dio trabajo y me dio un hogar, si no fuera por él estaría más perdido”, comenta con una sonrisa al recodar a su jefe.

Fernando piensa que ya es momento de sentar cabeza, razón por la que no ha querido molestar a nadie para que dé la cara por él, ahora se quiere hacer responsable de sus actos, pues reconoce los cinco robos que se le imputan, además de quemar una cabaña.

“Andaba bien colocado, me había metido alcohol, cocaína y mariguana el mismo día, ya no sabía ni lo que hacía”, reconoce el tiempo que mueve las manos de un lado a otro.

Luego de reflexionar un poco sobre su situación, comenta que ya era hora de encaminarse, ya que hace poco fue testigo de la muerte de uno de sus amigos más cercanos, que acabó con su vida luego de una sobredosis de heroína.

“Por ningún motivo me gustaría terminar como él, pienso en mi jefe y en mi hijo de 12 años y eso me da fuerzas para enfrentar todo lo que venga”, agrega en relación a que está resignado a permanecer tras las rejas el tiempo que sea necesario para su recuperación, pues asegura haber encontrado a Dios ahí adentro.

Mientras muestra la cicatriz que tiene en la mano derecha como recuerdo de la primera vez que estuvo preso y se quería suicidar, reconoce que le será difícil adaptarse al reclusorio, aunque ahora es más consciente de que el único perjudicado sería él mismo.

“Las primeras veces que me internaban amenazaba a mi papá con suicidarme para que pagara la fianza”, dice con la mirada triste ante la impotencia que siente ahora que su padre se encuentra enfermo, pues ya es una persona mayor y, pese a las circunstancias, no lo deja solo, pues lo visita cada vez que tiene oportunidad.

“Nunca es tarde para enmendarse, espero algún día me pueda perdonar por irresponsable”, declara al tiempo que se levanta de la silla y se despide amablemente para continuar con sus labores dentro del Cereso.

Resignado a cubrir una condena de 6 a 14 años, Fernando se siente dispuesto, primero porque reconoce su culpabilidad, y luego porque adentro se hallan algunos de sus camaradas de San Pedro, y entre todos se hacen compañía y se apoyan unos a otros en lo que cabe.
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb
Comentarios