Piedras Negras, Coah.- Los recuerdos aún perduran. El dolor, la impotencia de haber perdido a familiares, amigos y sus bienes, no se ha ido, pues permanece cual tinta indeleble en su alma y su corazón.

Sin embargo, los villafontinos con gran fortaleza y espíritu, van saliendo avante, aun y cuando les ha tocado enfrentar también un tornado y una creciente más que los ha puesto en peligro latente.

El anuncio de una tormenta severa en la víspera de la octava conmemoración del 4 de abril de 2004, mueve más los sentimientos y recuerdos de aquella catástrofe que se llevó 45 vidas al desbordarse el río Escondido.

El recuerdo de niños, mujeres, hombres y adultos mayores que perecieron aquel cálido Domingo de Ramos hace un nudo en la garganta.

Según cifras oficiales, fueron 38 los cuerpos encontrados de las víctimas fatales de aquella creciente atípica, que además se llevara entre sus fauces a siete más de los que jamás se encontraron restos.

El cálido día en Villa de Fuente, donde los árboles reverdecen y donde los niños juegan futbol en una de las canchas del sector, disfrutando de sus vacaciones, parece rememorar aquel domingo.

Aunque con menos barullo, de aquel 4 de abril de 2004, donde familias enteras se reunían, con música, con olor a carne asada en el ambiente, con mucha vida también. Hoy, aunque en el sector hay zonas que vuelven a tener vida como esos grandes nogales que se han aferrado después de dos catástrofes, así también hay áreas que muestran desolación y tristeza.

Aún se pueden observar viviendas con marcas de cruces, señal de como eran clasificados los daños.

Aún hay viviendas que después de aquel trágico domingo 4 de abril, parecieran que murieran, al ser abandonadas por sus habitantes que prefirieron buscar otro sector para residir.

Para Armando Martínez, integrante de la Comisión por la Verdad, un grupo que se formara en busca de justicia para los damnificados y para quienes perdieron a su familia, este día por más que pasen los años no se olvida.

Por ello, precisa que año con año, continuarán haciendo un plantón en la Plaza de Villa de Fuente con cartelones, con los nombres de quienes fallecieron.
A forma de recuerdo, también harán la caminata que año con año realizan hacia el puente de Villa de Fuente, donde desde lo alto, dejan caer una ofrenda floral en memoria de los fallecidos y desaparecidos.

“La ofrenda la depositaremos a la hora en la que el agua llegó a nuestras casas”, dice.

Y es que la tragedia del 4-4-04, que enlutó a muchos hogares de Villa de Fuente y de la colonia Periodistas, no se ha logrado superar por completo.

Según Rubén Rojas, quien en un tiempo representó a damnificados de Villa de Fuente que eran reubicados en la colonia La Laja, señala que las pérdidas fueron demasiadas.

Fueron pérdidas en vidas, en sus bienes, que a la fecha no se han podido recuperar por completo.

“No sabíamos cómo se canalizaban los recursos, nunca se complementó el monto de los daños, de la pérdida que tuvimos en nuestras viviendas”, señala.
Parado afuera de su casa, justo donde hace ocho años se le tomara una fotografía que le es mostrada, el hombre acepta que no ha cambiado mucho la imagen.

La fotografía muestra su vivienda con daños que no han podido ser resarcidos por completo.

“Nos condicionaron para merecer el recurso del Fonden y no era cierto, era el monto total de que abarcábamos como daños totales, todo fue muy triste, porque a muchos nos agarró con los ojos cerrados esta tragedia”, subraya.

“Muchas familias se desintegraron, entre ellas la mía, muchos ya no construyeron, se fueron a Estados Unidos, otros a otras colonias y los que no tenemos como, aquí estamos, tratando de sobrevivir”, agrega.

Rubén Rojas, quien habita una casa frente al río Escondido, una de las viviendas que forma parte del complejo de casitas de Infonavit que fueran severamente dañadas, precisa entonces que Villa de Fuente es un cajón de río.

“Mientras esté este cajón de río, seguirán las tragedias, las autoridades deben de buscar un cauce, o quitar el bordo enfrente de LaBasa”, señala.

“Muchos ya no nos levantamos, no tenemos recursos para comprar otra casa, ni para componer la que se tiene”, apunta.

“Cuando ya invertiste tu capital de años de trabajo, no queda más que decir ‘aquí me quedo, aquí me muero’”, puntualiza.


Milagro de vida


En una vivienda de la calle Abraham González, entre plantas y una pequeña granja, don José Rodríguez Rodríguez, quien tiene ya 102 años de edad, relata su experiencia vivida aquel 4 de abril.

Su caso, fue todo un milagro, pues entonces tenía 94 años de edad y se encontraba solo en su casa cuando llegó la creciente atroz.

“Yo le hice confianza, las vecinas se dieron cuenta y se fueron, no me dijeron nada, y yo ya no pude salir, me quedé en mi casa”, relata.

Don José abrió la puerta porque quería salirse y abrazarse a un árbol, pero entonces recordó que había una cerca de alambre y ello podía ser muy peligroso, así que volvió a su recámara.

“Había una litera, el agua ya me llegaba hasta el cuello, me agarré del colchón y la misma agua me levantó”, indica.

Sin saber nadar, esperó sin desesperar, con mucha fe sólo se encomendó a Dios.

Recuerda aun el agua fría entumiéndolo, así como el rugir de la corriente del agua que tiraba casas, árboles, bardas.

“Le pedía a Dios que me diera valor para aguantar, todo estaba oscuro”, rememora.

“Es obvio que había presas allá arriba porque se vino mucha agua”, agrega.

El hombre, quien ahora se acompaña de su segunda esposa, doña María del Refugio, de 86 años de edad, acepta que fue un milagro del cual se siente muy agradecido con Dios.