Aquel día ahora sólo es un recuerdo en la vida de Julio Jaramillo, que a sus 28 años camina por sí solo y habla ya con poca dificultad. “La equinoterapia me regresó a la vida, es una experiencia que me cambió y me ayudó a superar mi accidente”.
Julio volvió a nacer, el estar inconsciente por más de dos semanas lo llevó a perder el miedo a los caballos y decidirse a ingresar a la Asociación de Equinoterapia de Coahuila, pues la rehabilitación clínica en el Seguro Social no reflejó mejoría ni tampoco le hizo efecto el tratamiento de un especialista en problemas de distrofia muscular.
“Yo le tenía muchísimo miedo a los caballos, no sé por qué pero siempre me dieron miedo, a pesar de que montaba los toros, tenía miedo de los caballos”, narra Julio.
Vestido con sombrero, camisa verde y pantalón de mezclilla azul, recuerda que una conocida de su hermana que era atendida con la equinoterapia lo motivó a tomar la rehabilitación, además de que Alejandro Flores, miembro de la Asociación de Equinoterapia de Coahuila, quien era payaso de rodeo y lo orientaba a que ingresara a la institución.
Julio dice que el secreto de la mejoría es la constancia. “Aquí es la constancia la que te va a sacar adelante, yo agarré un bastón y vine aquí y en una semana lo dejé, me ayudó mucho la cercanía con el caballo”.
Hace un año y medio terminó la carrera de Ingeniería Civil y actualmente trabaja en una constructora establecida en el municipio de García, Nuevo León, donde radica y lleva su vida de manera normal. Julio sabe que sin su empeño, ni la ayuda de los caballos, su historia sería diferente, por eso comparte su historia para que la gente que sufra de alguna discapacidad considere a la equinoterapia como una forma de recuperación.
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