Pero en vez de dejarnos llevar por la tristeza, hemos de tener la esperanza de que estamos más cerca de Dios en nuestro caminar hacia Él.
El calendario nos recuerda fechas muy importantes de nuestra vida. Se le ha llamado “Memorial de la vida”: Memorial de nuestros días alegres, memorial de nuestros días tristes, memorial de lo que debemos hacer durante los días que nos restan de vida.
El calendario nos recuerda el día de nuestro nacimiento, día en que los que nos rodeaban exclamaron con alegría ¡Es un niño! O ¡Es una niña! Ese día lo hemos seguido festejando año tras año y así seguiremos mientras nos dure la vida. ¡Cuántas y cuántas veces nos han felicitado diciendo: “Feliz cumpleaños”!
El calendario nos recuerda el día de nuestro bautismo.
Ese día nacimos a la vida de la gracia, nos hicimos hijos adoptivos de Dios, miembros de la iglesia y herederos del cielo.
Ese día de nuestro bautismo se nos impuso el nombre de un santo. Por él, nuestros familiares y amigos nos han felicitado año tras año.
El calendario nos recuerda otros días felices de nuestra vida: el de nuestra Confirmación, por la que fuimos hechos soldados de Cristo, el de nuestra Primera Comunión, día felicísimo que hasta el gran Napoleón lo recordaba como el más bello de su vida.
Otros muchos días felices y bellos nos recuerda el calendario, como el de la boda para los casados.
Pero en la vida no sólo hay días alegres; abundan los tristes y muy tristes; días de dolor, de enfermedad, de fracaso, de desgracias personales, familiares…
Entre estos días tristes el calendario puede recordarnos cosas que los demás, gracias a Dios, no conocen y, si las conocieran, podrían avergonzarnos.
El calendario nos recuerda días de luto, marcados con la muerte de seres queridos, que pasaron a la eternidad pero que perduran en nuestro recuerdo y en nuestras oraciones, sobre todo en el aniversario de su muerte.
Hermanas y hermanos: vivamos bien los años, meses o días que nos quedan de vida. Comencemos por este año, ya desde su primer día.
En este primer día celebramos la fiesta de Santa María, madre de Jesús El príncipe de la paz. Justamente con esta fiesta de la Virgen coincide el día mundial de la paz.
La paz no se hace con palabras, sino con nuestros comportamientos. Me contaban que un individuo, integrante de una manifestación, iba ya ronco de tanto gritar por la paz, pero
que él era una constante guerra para su familia. Desgraciadamente esto es demasiado frecuente.
Si de verdad queremos la paz, empecemos a amarnos en el seno de nuestras familias, decía la madre Teresa de Calcuta.
Habrá paz cuando aprendamos a respetar a los demás como me gustaría que me respeten a mí.
La paz vendrá cuando haya justicia, que es la base para que todo el mundo tenga todo lo que necesita para vivir dignamente como personas.
Habrá paz en el mundo cuando nos convenzamos de que Dios es padre de todos los hombres y de que, por consiguiente, todos somos hermanos.
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