Saltillo, Coah.- El toreo no ha sido sólo musa de pintores, poetas y escultores. Si se habla de un “arte taurino” no es por capricho: genera emociones estéticas, se rige por técnicas distinguibles, está sometido a la tradición y a la experimentación constante.

Con esos argumentos, don Roberto Vega Mandujano explicó la idea de que el catálogo de “artístico” que se le da a la tauromaquia no es un eufemismo para volverla más aceptable a ojos de sus críticos.

Los argumentos para sustentar esto fueron ofrecidos en el segundo ciclo de charlas taurinas, que organizan el Museo de la Cultura Taurina y el cronista Santiago Ramos Rodríguez.

Arte móvil

Vega consideró que el arte taurino tiene un discurso estético que se rige por el movimiento. Por lo tanto, el arte de torear fue equiparado al discurso coreográfico y la teatralidad alrededor de los tres tercios fue comparada con las artes escénicas.

Aunque esa fue la tesis más importante de la ponencia de don Roberto, también la dedicó a demostrar diversas artes que han puesto su mirada o han encontrado motivo de belleza en los toros. De hecho, inició la charla recitando de memoria el poema “Antoñito El Camborio”, de García Lorca.

Continuó con el repaso de diversas piezas escultóricas sobre el toreo; la célebre serie “Toros y Toreros” de Picasso; e incluso se dio tiempo para hablar de la escultura que corona al Museo de la Cultura Taurina, donde el gran maestro “Armillita” ejecuta para la eternidad el pase que puso a saltillo en el mapa del toreo: “la saltillera”.

A propósito, Vega comparó la nomenclatura de los pases taurinos con el de la coreografía, con la intención de evidenciar que los rige un mismo procedimiento de discurso, donde el movimiento expresa una emoción y se ejecuta con una técnica limpia.
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