Acuña, Coah.- Por siglos, el celibato al que se comprometen los sacerdotes al consagrar su vida a Dios y a la iglesia, se ha presentado a la sociedad como un valor religioso y superior a la vida mundana de cualquier ser humano, sin embargo, las acciones individuales de los clérigos han puesto en tela de juicio la necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos.

“El celibato no es un precepto divino, es una disciplina”, aseguró el padre Sabino Gámez Pérez, párroco de la iglesia de Guadalupe, quien señaló que “es un valor” impuesto por la iglesia católica para “vivir a la perfección la pastoral”, sin embargo, en ninguna de las sagradas escrituras está estipulado que los sacerdotes deban guardar un voto de castidad.

Reconoció que “los tiempos han cambiado y en este momento hay muchas voces que desearían que sus sacerdotes vivieran mejor, pero para otra parte sería difícil aceptarlo porque somos consagrados y separados de la vida mundana”.

Señaló que el celibato se ha impuesto “en distintos momentos de la historia”, y precisamente porque no es un precepto divino, el consejo evangélico, representado por el Papa Benedicto XVI “puede modificarlo”; sin embargo, descartó que esto suceda, ya que el celibato “es un valor” con el que se cuenta para asegurar la consagración del sacerdocio.

“Es un valor que la iglesia no puede quitar, si acaso puede decir como dijo Paulo VI en 1963 – el cura que quiera retirarse – lo hará, pero habrá si acaso una modificación abriendo una coyuntura para aquellos (sacerdotes) que quieran vivir el matrimonio”.

Señaló que “somos seres humanos” y las acciones individuales son las que generan controversia religiosa, por lo que defendió la postura de la iglesia sobre el respeto al celibato, pero reconoció que también se debe un respeto a la naturaleza del ser humano y al derecho de vivir la sexualidad con plenitud.
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