Saltillo, Coah.- Hace seis años que llegó a Saltillo. Acompañada por sus tres hijos y su esposo, Gabriela dejó Orizaba, Veracruz, para salir en busca de una mejor calidad de vida.

“En Orizaba no alcanzaba para nada, ni para la escuela ni nada, por eso mejor venimos para acá a vender, para mantener a los hijos” platica con la cabeza agachada. No permite que se le tomen fotos, dice que la da vergüenza.

Gracias a dos familiares que tenía en Saltillo logró llegar a Coahuila. “Sin pensarlo nos venimos acá, ya estando aquí vimos como íbamos a sobrevivir en la ciudad, porque no tenemos estudios”.

Sobre un mantel rojo, en una pequeña charola saltan unas bolitas color café. Son los “frijoles saltarines”, parte del sostén de la familia de cinco personas.

Encima, en un cartel color naranja con letras negras se puede leer “para dolor de cabeza, nervios, diabetes, alta y baja presión, para retirar las malas vibras”. Gabriela dice que el frijol sí se vende, pero ya no como antes.

“Ha bajado la venta, antes, recién que llegamos aquí se vendía mucho, pero ya en este año vendimos menos”.

El ingreso es de aproximadamente 500 pesos a la semana junto con la venta de bordados y si dedican los fines de semana a vender en plazas públicas aumenta unos 300 pesos más.

El frijol saltarín solo se da en determinada temporada del año. En los primeros meses del año crece en la sierra de Álamos en Sonora. Llegan a Saltillo a partir del seis de agosto y se terminan para finales de septiembre.

La realidad es que nos son frijoles, sino semillas con un gusano dentro, el que genera el movimiento. “Les decimos frijolitos porque parecen frijoles, pero no son, dicen que traen un animalito dentro y sirve pa curar cosas y cuando uno tiene malestares”.

Esta misteriosa semilla es conocida en otros países como Francia, y Estados Unidos, son baratos y no cualquiera los distribuye.

Según cuenta Gabriela, ella y su esposo tienen un conocido en Chiapas que es quien se los envía el segundo o tercer día de agosto.

“Cinco frijolitos por diez pesos y les regalamos la bolsita roja para que los guarden” dice Gabriela mientras mueve la charola para que comiencen a bailar las semillas.

Pensativa Gabriela comenta que el resto del año se dedica a vender artesanías en los mercados que se instalan en las colonias y en las ferias o eventos a los que están invitados, pero lo que incrementa sus ingresos son los frijoles bailarines.

“Los queremos llevar a más colonias para ver si vendemos más, pero por lo pronto estamos aquí en el centro

EL MISTERIO…

» El ciclo vital de la semilla inicia cuando una mariposa nocturna o polilla deposita su huevecillo en la flor de un arbusto muy parecido a los naranjos y común en la sierra de Sonora, específicamente en Álamos.

» La larva crece en el interior de la flor, que forma un trébol con tres cascaroncitos, pero sólo se aloja uno de ellos y se separa de los otros dos para caer al suelo con la primera lluvia del verano. Después de 20 días empieza a brincar y no para hasta 6 meses después.