Acompañado por su hija Norma Elizabeth Hernández García y su nieta de 7 años, Mitzuki Elizabeth; vive en 2 humildes cuartos con paredes de cartón y techo de lámina, donde se siente la misma temperatura que al exterior de la frágil vivienda.
Don Abel platica que desde hace 25 años viven en este hogar, ubicado en calle 14 de Mayo de la colonia Elsa Hernández, el cual él mismo construyó con sus manos gracias a las pocas ganancias que le dejan dedicarse a conducir un microbús de servicio colectivo.
“Mi esposa falleció hace 2 años, ella tenía diabetes y se complicó su estado de salud, así que se me adelantó en el camino, por eso ahora estoy bajo el cuidado de mi hija y pues aquí estamos los tres haciéndonos compañía”, dijo el padre de familia.
De los otros 3 vástagos que procreó, uno de ellos vive en Acuña, a quien hace 2 años vio por última vez cuando regresó para el funeral de su madre, Dora Elia García; mientras que sus otros hijos viven en las colonias Occidental y Sierrita, en Frontera.
“Mis demás hijos vienen a la casa y están al pendiente de mí, porque ahorita está el camión descompuesto y pues no hay ganancias con qué mantenernos, aparte que traigo dolor en la espalda pero nomás arreglándolo otra vez a trabajar”, señaló.
Dijo que debe pagar 300 pesos por la renta del camión, para alcanzar entre 100 a 120 pesos diarios de ganancia, dinero que necesita para él y su familia porque, obviamente, deben comer, y pagar el agua y la luz.
“Traigo dolor de espalda y pues el doctor me dice que también debo dejar de fumar, aunque no tengo dinero pa' comprármelos, pues ahí con los compañeros (choferes) me regalan uno, pero sí es difícil dejar el vicio”, comentó don Abel, mientras reía.
Señaló que le recetaron pastillas naturistas para mejorar su estado de salud, pero cada caja con 30 pastillas cuesta 800 pesos, dinero lejos del alcance de él y su familia, ya que hay necesidades por cubrir aunque sea humilde el hogar donde viven.
En tanto Norma, madre soltera y quien a base de sacrificio saca adelante a su única hija, apoya a su papá no sólo en atender la casa sino también lavando ajeno para obtener mínimas ganancias.
“Y con este tiempo de frío mi hija se enferma de bronquitis, aunque tenemos el Seguro Popular las medicinas que necesita no las cubre el gobierno, por eso con mucho sacrificio la he llevado al particular y tengo miedo que recaiga ahora por este clima”, dijo.
Relató que hace más de 2 años vivía en Acuña, pero al empeorar el estado de salud de su madre no dudó en regresarse a Frontera para cuidarla hasta su fallecimiento; y al ver a su padre solo, decidió quedarse, aunque esto representara que su hija quedara en el desamparo de su progenitor.
“El papá de mi hija me dijo que si me iba era bajo mi propio riesgo y pues aprovechó muy bien la oportunidad, porque desde hace 2 años no le manda dinero a la niña”, expresó.
Destacó que hace pocos días Mitzuki le comentó que faltaba poco para Navidad, y le respondió que mejor no se emocionara porque sus recursos no alcanzan para los regalos.
“La niña me pide una muñeca de mil pesos y le digo que con ese dinero mejor la llevo a consultar y se alivia de su bronquitis, porque el Santo Clós que nos tocó es pobre como nosotros y por eso no va a traer regalos”, dijo; señalando que espera que sus hermanos los inviten a cenar en Nochebuena.
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