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Reportaje SinEmbargo.mx / Ciudad de México.- Los desórdenes alimenticios atraviesan al país en todos sus puntos cardinales y a todos los niveles: pobreza alimentaria y obesidad se mezclan para evidenciar que los mexicanos comemos mal, pero lo más importante, que las políticas sociales han fallado.

La Cruzada Nacional contra el hambre, en beneficio de 7.4 millones de mexicanos que padecen pobreza extrema y carencia alimentaria severa, se contrapone con otra situación de riesgo que prevalece en México con cifras alarmantes: la obesidad. Con 48 millones de adultos obesos, México ocupa el segundo lugar a nivel mundial en este rubro. En el plano infantil es el cuarto sitio.

El gobierno de Enrique Peña Nieto, que la semana pasada lanzó con bombo y platillo –en territorio del Ejército Zapatista de Liberación Nacional– una Cruzada Nacional contra el Hambre, no ha dicho cómo piensa atacar el otro gran problema de salud de los mexicanos (la obesidad), que plantea un reto mayor porque va más allá del asistencialismo: necesariamente el Estado debe enfrentar a los grantes corporativos que, como Coca Cola, Pepsi Cola, Kellogs o Bimbo, son muy poderosos y tienen un gran poder de corrupción.

El severo problema de la obesidad no sólo ha ocasionado un alto índice de diabéticos e hipertensos en el país; también ha afectado la economía. En 2011, los costos indirectos relacionados con este problema oscilaban los 23 mil millones de pesos anuales y, según la Secretaría de Salud, en los próximos 10 años podría aumentar a 150 mil millones de pesos. Pastelitos, dulces, frituras y miles de litros de refresco son parte de lo que compra el mexicano diariamente, superando incluso a Estados Unidos en el consumo de gaseosas y colocándose en el deshonroso primer lugar de los países que más ingieren bebidas de cola anualmente. Ante este panorama no resulta extraño que los mexicanos destinen 240 mil millones de pesos en comida chatarra y sólo 10 mil millones de pesos al consumo de 10 alimentos básicos, como carne, fruta y verdura. Pese a las campañas de prevención y diversos proyectos, no es raro ver que un sector severamente afectado es el infantil, que gasta hasta 20 mil millones en la compra de alimentos chatarra, pese a la regulación de este tipo de productos en los 220 mil planteles de educación básica a nivel nacional, donde, en teoría, está prohibida la venta de alimentos que superen las 130 calorías, pero que, según distintos diarios, aún se realiza y, en ciertos casos, sólo se modificó la presentación para tener al alcance la misma golosina pero más pequeña.

Pastelitos, dulces, frituras y miles de litros de refresco son parte de lo que compra el mexicano diariamente, superando incluso a Estados Unidos en el consumo de gaseosas y colocándose en el deshonroso primer lugar de los países que más ingieren bebidas de cola anualmente.

Ante este panorama no resulta extraño que los mexicanos destinen 240 mil millones de pesos en comida chatarra y sólo 10 mil millones de pesos al consumo de 10 alimentos básicos, como carne, fruta y verdura.

Pese a las campañas de prevención y diversos proyectos, no es raro ver que un sector severamente afectado es el infantil, que gasta hasta 20 mil millones en la compra de alimentos chatarra, pese a la regulación de este tipo de productos en los 220 mil planteles de educación básica a nivel nacional, donde, en teoría, está prohibida la venta de alimentos que superen las 130 calorías, pero que, según distintos diarios, aún se realiza y, en ciertos casos, sólo se modificó la presentación para tener al alcance la misma golosina pero más pequeña.

ENTRE REFRESCO Y COMIDA CHATARRA

Los hábitos alimenticios de la mayoría de los mexicanos no han ayudado a frenar el problema de la obesidad. Azúcares, comida chatarra y miles de litros de refresco son parte de los alimentos que se ingieren en nuestro país diariamente, desplazando a las frutas y verduras.


En un análisis elaborado por la comisión de Turismo de la Cámara de Diputados en 2010, se estableció que los mexicanos gastan 240 mil millones de pesos en comida chatarra, y de esa cifra, por lo menos 20 mil millones de pesos en este tipo de productos son consumidos en las primarias del país. Estos datos han sido retomados a lo largo de los últimos años.

En contraste, sólo 10 mil millones de pesos se destinan al consumo de 10 alimentos básicos, como carne, fruta y verdura.

Por si esto no bastara, en mayo de 2012 la organización civil Poder del Consumidor reportó que la Food Industry Development Centre Inc. (Food Centre) y la Universidad de Yale revelaron que en México se consumen 163 litros per cápita de refresco de cola al año, lo que significa que nuestro país ocupa el primer lugar en este aspecto, desplazando a Estados Unidos, cuyo registro es de 113 litros per cápita en ese mismo lapso.

Paradójicamente el consumo de refresco a veces es una forma de sustituir la falta de agua en comunidades pobres, tal como se destacó en el informe al indicar que en zonas marginales de Guerrero, esta bebida se ha convertido en la única fuente de hidratación ante la falta de dotación y suministro de agua potable.

Este punto destaca un serio problema en México: mientras hay familias que debido a sus condiciones económicas no pueden adquirir diversos alimentos y padecen desnutrición, existen personas que tienen acceso a los antojitos y otras comidas con alto contenido calórico o graso, abusando de éstos.

Además, la organización mencionó los reportes del Instituto Nacional de la Nutrición que recomienda un consumo de 400 gramos diarios de frutas y verduras, pero los mexicanos sólo ingieren 122 gramos. En los niños la situación es aún más grave, pues apenas llega a 87 gramos.

La mayor parte de la población está inadecuadamente alimentada y, por ello mal nutrida. Algunos productos industrializado se han convertido en alimentos primarios, mientras que otros más saludables han quedado fuera de nuestra dieta cada vez más rica en grasas y azúcares.

SERIOS PROBLEMAS DE SALUD

En 2012 México llegó al cuarto lugar en obesidad infantil, solamente superado por Grecia, Estados Unidos e Italia, mientras que siete de cada 10 adultos padece de sobrepeso y es el segundo lugar de los países con mayor índice de obesidad, problema que provoca la muerte a 200 mil personas por año aproximadamente por enfermedades relacionadas.

Además, en noviembre pasado el entonces secretario de Salud, Salomón Chertorivski, presentó la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2012, que reflejó una estabilización en la tasa de crecimiento de la obesidad y soprepeso, al ubicarse en 48 millones de personas adultas y no en 53 millones como se estimaba al cierre del año pasado.

Es tal la gravedad de este padecimiento que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la catalogó como una enfermedad que ha alcanzado el grado de pandemia.

Además, la obesidad también cuesta, hasta 2011 los costos indirectos en productividad relacionados con este padecimiento en el país rondaban los 23 mil millones de pesos anuales y, según la Secretaría de Salud, de no actuar con prontitud en los próximos 10 años los costos indirectos y directos superarán los 150 mil millones de pesos.

Sin embargo, en México contamos con un punto en contra. Diversos estudios realizados entre la Facultad de Química (FQ), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y los institutos nacionales de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y de Medicina Genómica revelaron en agosto pasado que los mexicanos poseen una alta predisposición genética para desarrollar sobrepeso y obesidad, y a raíz de esto, padecer enfermedades crónicas y complicaciones metabólicas.

Además, existen padecimientos relacionados con la obesidad que cobran la vida miles de mexicanos cada año, como son las enfermedades cardiacas y la hipertensión.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), dados a conocer en agosto de 2012 por la Federación Mexicana de Diabetes (FMD), en el país existen más de siete millones de personas con diabetes mellitus tipo 2 (DMT2).

Un cable de la agencia Notimex indica que, 400 mil casos nuevos son registrados año con año, esto significa más de mil casos por día. En tanto, el presidente de la Fundación Vive tu Diabetes, Salvador Chacón Ramírez asegura que en el país cada 10 minutos un mexicano muere a causa de esta enfermedad.

Por otro lado, la hipercolesterolemia o colesterol elevado es una condición de alta prevalencia presente en 46 por ciento de la población de México, señaló el especialista Miguel Escalante Pulido el pasado 23 de agosto. El experto destacó que la elevación de este lípido se asocia a tres factores: la alimentación rica en grasas, la falta de actividad física y la genética.

Aunado a esto, 7 de cada 10 mexicanos tienen parásitos intestinales, lo que ubica a México como un país con alta prevalencia en parasitosis.

En contraste con estos datos, el diario Milenio informó el pasado 8 de noviembre, en base a datos de la Encuesta Nacional de Nutrición, que en México hay niveles de desnutrición y anemia altos como en Etiopía, en al menos 10 millones de mexicanos. Además, un millón 500 mil niños de cero a cinco años de edad sufren desnutrición severa y un millón 800 mil anemia crónica.

“EL REFRESCO NO ENGORDA”

Ante el gran consumo de refrescos en México, asociaciones defensoras del consumidor exigieron al Gobierno en 2012 la imposición de un impuesto de 20% para las gaseosas, jugos azucarados y bebidas afines de alto contenido calórico.

Alejandro Calvillo, director de El Poder del Consumidor A.C., aseguró recientemente que este gravamen “provocaría una reducción en su consumo de 16 a 24 %”, sumado a una baja en la ingesta calórica y “una mejoría de la economía de las familias, que gastan, en su mayoría, más en refrescos que en huevo, frijoles o tortilla”.

Debido a que se le ha vinculado con la obesidad en México, en agosto de 2010 Grupo Coca Cola consideró “errónea” la manera en que se “sataniza” a los azúcares cuando la principal fuente del incremento de peso es el mayor consumo -un 40 por ciento más de lo recomendado- de carbohidratos y grasas.

La refresquera se defendió de los señalamientos en su contra argumentando: “La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación establece que los mexicanos consumen 3 mil 260 calorías diarias, en lugar de las 2 mil recomendadas, de las cuales 62 por ciento son de carbohidratos, 26 por ciento grasas y 12 por ciento proteínas. Los refrescos sólo aportan 6.6 por ciento de la ingesta calórica diaria, y aún incluyendo las bebidas alcohólicas, sólo abarca 293 calorías, es decir, 14.6% del consumo diario de carbohidratos recomendados”.

La industria refresquera no ha estado sola y en noviembre de 2012 la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (Canacintra) le mostró su apoyo ante las campañas “dolosas y mal intencionadas” que se han emitido en contra de este sector, derivadas del aumento de personas obesas o con diabetes en México.

La Cámara consideró “inexactas” las afirmaciones que diversas organizaciones han realizado sobre este tema y argumentó que no existe evidencia científica concluyente ni estadística, de que el consumo de bebidas con contenido calórico sea el causante del que haya más diabéticos en el país.

CAMPAÑAS CONTRA LA OBESIDAD

En búsqueda de poner un freno al crecimiento de este padecimiento, en 2008 la Asociación Internacional de Alimentos y Bebidas, que engloba a todas las empresas, acordó con la OMS y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, dejar de transmitir y eliminar de la publicidad tradicional todos aquellos anuncios que resulten poco saludables para la salud infantil.

En tanto, en los últimos años la Secretaría de Salud ha lanzado distintas campañas con el fin de prevenir y combatir la obesidad.

Por su parte, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) diseñó e implementó en 2008 la estrategia de Programas Integrados de Salud, más conocida como PREVENIMSS, que es de carácter preventivo y busca mejorar el estado de salud de los derechohabientes.

Al año siguiente, el entonces secretario de Salud, José Ángel Córdova, puso en marcha el programa “5 Pasos por su Salud, para Vivir Mejor”, que promovía hacer ejercicio, beber agua y comer sanamente para combatir la obesidad. El primer paso del programa fue el proyecto “Muévete”, que consistía en “caminar con vigor” por 30 minutos.

En marzo de 2011 la Secretaria de Salud y la Federación Mexicana de Futbol presentaron la campaña “Comer bien es tu mejor selección. Mídete, cuida tu peso” destinada a la lucha contra la obesidad infantil.

Sin embargo, terminó la administración de Córdova Villalobos y la obesidad continuó siendo un gran problema de salud pública.

Ya en 2012 con Salomón Chertorivski al frente de la SSa, arrancó otro proyecto que incluía a luchadores profesionales con el fin de promover la importancia de comer sanamente y ejercitarse.

Desde diciembre pasado, tras darse a conocer una propuesta del PRI, la Cámara de Diputados analiza la promulgación de una la ley general para el combate de la obesidad y trastornos de la conducta alimentaria de la niñez y juventud, buscando regular el diagnóstico de la enfermedad, atención, tratamiento, rehabilitación y las acciones necesarias para evitar su expansión.



REGULACIÓN EN ESCUELAS

En mayo de 2010, Milenio publicó que luego de que el Consejo Nacional de Autoridades Educativas, el Consejo Nacional de Salud y representantes de los 32 estados, aprobaran por unanimidad los lineamientos generales para el expendio y distribución de alimentos y bebidas en los establecimientos de consumo escolar, el entonces titular de la SEP, Alonso Lujambio, y el titular de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, dieron a conocer que al iniciar el siguiente ciclo escolar se pondría un freno a la comida chatarra en escuelas.

La medida se aplicaría en los 220 mil planteles de educación básica, públicos y privados, donde prohibiría la venta de refrescos, sopas instantáneas, frituras, pastelitos y algunas botanas con valor de más del 400 calorías.

El 23 de agosto de 2010, el Diario Oficial de la Federación publicó esos lineamientos, mismos que se dividieron en tres etapas.

El proyecto seguiría y a mediados de 2011 Córdova dijo que se aplicaría la reducción de calorías en los alimentos industrializados de 140 a 130 y no se permitiría la venta de productos que estuvieran fuera de este margen.

Con esta regulación se esperaba disminuir la ingesta en al menos 200 calorías diarias por estudiante.

El 1 de enero de ese año, entraron en vigor los Lineamientos Generales para el Expendio o Distribución de Alimentos y Bebidas en los Establecimientos de Consumo Escolar de los Planteles de Educación Básica indicando que a partir de este ciclo escolar 2011-2012 todos los productos que se vendieran dentro de las escuelas no deberían contener más de 130 calorías por porción.

La tercera fase del plan comenzó en el ciclo escolar 2012-2013. En este periodo quedó prohibido la venta de galletas, dulces, golosinas, pastelitos, lácteos y botanas con más de 130 calorías por bolsita o paquete, y que superaran el 35 por ciento de grasas totales.

Sin embargo, la medida sigue dando poco resultados y su correcta aplicación está en tela de juicio, pues distintos medios locales y nacionales informan que los llamados “alimentos no permitidos” se siguen vendiendo en las escuelas, pero en presentaciones más pequeñas para no rebasar las calorías permitidas por la Secretaría de Salud.