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Monclova, Coah.-Este es el cordero de Dios.

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.

Jesús se volvió y al ver que lo seguían, les pregunto: ¿Qué buscan?

Ellos le contestaron: Rabí (Maestro), ¿Dónde vives?

El les dijo: Vengan y lo verán.

Entonces fueron, vieron donde vivía, y se quedaron con él aquel día” Juan 1:35:42.

Cristo nos da aquí la respuesta a esos sentimientos tan complejos y confusos que nos agobian, cuando no sabemos cómo actuar con el hermano que falla, con el enemigo que insiste en herirme, con el “amigo” que nos traiciona, con mis dudas de fe, con mis problemas de todo tiempo: “¡¡VENGAN Y LO VERÁN!!”, en tantas situaciones de la vida diaria no tenemos la respuesta adecuada para solucionar las cosas desde nuestra fe, porque no leemos, no reflexionamos y hacemos las enseñanzas de Jesús en el evangelio.

Nos quedamos con la fe del “Niño Dios” en Navidad, del “crucificado del calvario”, como el Cristo “buena onda” que convive con todos los pecadores, pero no como alguien con quien me comunico diariamente.

Hay que leer su evangelio para comprender su persona, dejarnos seducir por su misterio, captar el espíritu que le hace vivir de una manera tan humana, intuir la fuerza de su amor al ser humano, su pasión por la vida, su ternura hacia el débil, su confianza total en la salvación de Dios.

Hay que guardar sus palabras dentro del corazón, para luego alimentar el gusto de la vida con su fuego.

Leer el evangelio no es exactamente encontrar “recetas” para vivir.

Es otra cosa, es experimentar que, viviendo como él, se puede vivir de manera diferente, con libertad y alegría interior.

Por eso cuando lo dos discípulos le preguntan a Jesús: Maestro ¿Dónde vives?

Él les responde: “Vengan y lo verán”… ¿Irás…?
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