“Estamos realizando los trabajos preliminares de protección, atendiendo todas las instrucciones del INAH”, comentó Velarde. “Tenemos la obligatoriedad de irnos de la mano con el Instituto”.
El arquitecto Velarde señaló que por lo pronto se determinó apuntalar el edificio; es decir, colocar dos hileras de andamios para que sirvan como soporte del techo del templo como una medida preventiva.
“Lo que hicimos fue apuntalar toda la nave con el objetivo de que se sostenga la estructura mientras progresan las obras”, explicó.
“Queremos evitar que haya una desgracia y seguimos viendo las causas que ocasionaron el derrumbe”.
El entrevistado confirmó que el detonante principal del derrumbe de una de las paredes del lugar fue la acumulación de agua provocada por unas obras de rehabilitación hechas años atrás.
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