Monclova, Coah.-La nostalgia por los seres queridos que abandonaron este mundo, y la ilusión de retornar a la época en que unas cuantas piedras, botes y pedazos de lámina, o el tronco tallado de un árbol, se convertían en los juguetes más preciados cada Navidad, inunda el pensamiento de aquellos para quienes sus sienes se han pintado de blanco y las líneas de la vida surcaron su piel.

“La Navidad es la misma, son las ideas y valores los que cambian. Yo no tuve juguetes más allá de las piedras que juntábamos para tirarle a los botes y probar puntería, pero aun así éramos felices, rústicos pero felices”, sentenció don Juan Flores con un dejo de nostalgia al recordar su infancia y ver a las nuevas generaciones sumergidas en el consumismo.

A sus 79 años de edad don Juan gusta de pasar un tiempo, durante esta época, en los paseos públicos, esto le permite observar a la gente y viajar a aquellos momentos en donde la vida transcurría sin tantos predicamentos.

“Extraño muchas cosas, ahorita los tiempos están muy descarrilados, las nuevas generaciones ya no valoran lo mismo que antes, ya ni siquiera las pláticas son las mismas.
Yo fui huérfano, pero no por eso carecí de formación, de valores, cosas que ahora parece que se van perdiendo, sobre todo en esta época, cuando parece que importa más un regalo que un abrazo”, sentenció el hombre.

Doña Victoria Andrade Montoya comparte el sentimiento con don Juan, pues reconoce que las fiestas decembrinas se han convertido en un negocio más que una época para compartir en familia.

“Si no compran un regalo se sienten mal, como si faltaran a algo sagrado, se olvidan de que en Navidad lo que cuenta es compartir en familia, ahora todo es mercadotecnia”,
manifestó la entrevistada quien cuenta con 53 años de edad.

Al cuestionársele sobre el juguete más preciado de su infancia, doña Victoria formula una gran sonrisa.

“La verdad éramos pobres, de rancho, allá no había muñecas o juguetes caros aunque los deseáramos, nos divertíamos con trastecitos hechos con latas de portola, platos de lámina, comidita de lodo, o caballitos de palo, en el rancho te las ingenias para cualquier cosa”, afirmó con una sonrisa.

Don Juan López Barrón, de 76 años, también accedió a compartir los momentos de su infancia al celebrar la Navidad. “Lo que más recuerdo son los carritos hechos con botes de lámina, era muy divertido y no costaban casi nada; ahora todo es dinero, se nos olvida que la Navidad es para compartir amor, no cosas materiales”, sostuvo el hombre.

Aunque sin lugar a dudas, la mezcla de nostalgia y tristeza que provoca el saber que existen seres queridos que no volverán a compartir estos momentos, es lo que más se añora en las fiestas decembrinas.

“Mis padres, eso es lo que más extraño de la Navidad cuando era niño, siempre extrañarás a un ser querido, es lo que más te puede en estas fechas”, expresó don Ángel González luchando por contener las lágrimas.

“Al paso que vamos los valores se terminarán perdiendo, ya casi nadie se preocupa por la familia, la mayoría piensa en estas fechas y se preocupa por lo que tiene que gastar, o codicia un regalo bueno, pero debemos tener mucho cuidado con eso, pues no todo lo que se quiere se obtiene”, finalizó don Ángel.
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