Rosa Martínez Ovalle, cuenta que desde que hace más de 25 años hace un altar en honor a la virgen de Guadalupe costumbre heredada de su madre, hace cafecito, chapurrado, tamales y danzas para todo aquel que con devoción acude a su domicilio.
Este año lo ofrece por una de sus nietas a quien le detectaron cáncer de pecho pero gracias a la intercesión de la virgen el tumor no fue cancerígeno.
Se trata de un altar que poco a poco se llena de flores y veladoras, su esposo Pedro Covarrubias la apoya en la colocación de flores de sotol y ramos de cedro que trae desde un rancho de Nuevo León.
“Estoy por hacerle la capillita si Dios me ayuda, esta vez le paré a la construcción por la cuestión económica pero espero pronto terminarla”, dice la señora Rosa.
Al centro del altar tienen dos imágenes de la guadalupana pero es la de bulto la que corona:
“las flores se las trajo la señorita que me la viene a coronar, ella va venir a rezarle su rosario y le
pone su manto, ya tiene varios años desde que era niña antes tenía otra madrina porque debe ser una señorita, niña o una jovencita” explica la señora Rosa.
Comenta que debe ser una niña pero naturalmente va creciendo hasta convertirse en señorita, una mujercita libre de pecado como la Santísima Virgen.
Mientras muestra el manto que utilizó la virgen el año pasado, dice que la madrina se clamará de bendiciones como las que la familia ha recibido a lo largo de 25 años que han continuando la tradición.
Así se venera y se recuerda la virgen de Guadalupe en la casa de la señora Rosa en las calles de Altamirano y Leandro Valle donde la música y los cantos a la virgen se escuchan incluso antes de llegar.
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