El cantante, vestido totalmente de blanco, se posó en cada punto cardinal del escenario para saludar, bailar, posar para las cámaras; para que nadie en la Arena se quedara sin pizca de su cariño.
La ronda de clásicos no tardó en aparecer. “La Diferencia”, con arreglos pop, fue la primera clásica en el repertorio, ligada a “No te Guardo Rencor”.
Tras estos temas la luz se apagó y un sonido de bandoneón cruzó el recinto provocando un desconcierto que luego se transformó en grata sorpresa cuando se escucharon las primeras frases de “Yo No Nací para Amar”, convertida en tango. Las emociones fuertes, a partir de este momento, fueron legión.
EMOCIONES FUERTES
“Querida”, uno de los clásicos más apreciados de Juan Gabriel, apareció temprano en el recital. “Juanga” se la quiso dedicar a todos, los de adentro y los de afuera, que han acompañado al cantante con oraciones y pensamientos en los momentos difíciles.
“La vida es una lucha desde que nacemos. Si nosotros estamos aquí, es porque importamos. Por eso debemos seguir luchando, sin tenerle miedo. Por lo único que debemos luchar es por vivirla al máximo”, afirmó “El Divo de Juárez” antes de interpretar la canción.
Continuó con un popurrí de éxitos que incluyó temas como “He Venido a Pedirte Perdón”, “Será Mañana”, “Con Tu Amor” e “Insensible”.
Muchas de las letras de sus canciones recorrían las pantallas ubicadas entre los palcos, como si alguna las necesitara. En las pantallas del escenario y la elevada al centro de la Arena, se podía advertir la ejecución de “El Divo”, su oído, sus indicaciones a los músicos, también la fatiga después de un frenético baile, fatiga que no lo detuvo a lo largo de las casi cuatro horas de su concierto.
RECUERDA A LA DÚRCAL
Cuando el mariachi arribó al escenario el concierto llegó a su punto climático. Todos supieron al instante que se acercaba el repertorio apasionado, fuerte. El momento de cantar todos juntos. Juan Gabriel inició el segmento con “El Corrido de Monterrey”, para beneplácito de los presentes. Aunque había espectadores de muchos lugares, nadie se sustrajo a la energía que “Juanga” dispuso para el tema.
En ese tenor norteño, Jel cantante inició el segmento del mariachi con el tema “Se Me Olvidó Otra Vez” sorpresivamente interpretado sólo con acordeón, bajosexto y la voz del público. El cantante sólo dirigió y aplaudió conmovido al final.
Tras dos horas de concierto se empezó a notar una disminución en su voz, una ronquera amenazante, que sin embargo no cejó el entusiasmo y la intensidad en momentos en que era necesario explotar al máximo su instrumento.
Una parte de dicho segmento estuvo dedicada a temas que “El Divo de Juárez” compuso para Rocío Durcal, cuya figura se posó en las pantallas del recinto.
Los mariachis ya no se movieron de su sitio hasta el final del concierto. El desfile de temas fue simplemente apoteósico: “Costumbre”, “Enamorados”, la vibrante “Te Sigo Amando”, “Te lo Pido Por Favor”, pero desde luego no hubo canción más coreada y llorada que “Amor Eterno”, precedida por la célebre plegaria en la que “El Divo” la dedica a las madres.
Cualquier tema de Juan Gabriel hubiese sido certero para el cierre, pero “El Divo de Juárez” eligió terminar con fiesta, con alegría; culminar con ritmo su exitoso reencuentro. “El Noa Noa” envió a los espectadores bailando y sonriendo de vuelta a casa.
3 horas y 40 minutos, aproximadamente, duró el concierto de Juan Gabriel.
20 mil personas, aproximadamente, se reunieron en la Arena Monterrey en dos conciertos.
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