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hace 5 años
[Ruta Libre]

Entregado al pancracio: luchador por la vida

Leticia Espinoza

Francisco Niño ha vivido a ras de lona y ha luchado contra la diabetes, que lo ha dejado incompleto, pero con esperanza.

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Saltillo, Coah.- Para él las mentadas de madre se convirtieron en llamadas a misa, y cuando hubo necesidad de sacar el cobre para afrontar sus excesos lo hizo. “¡Déjate de chingaderas! y dime ¿hasta dónde me vas a cortar?”, así de rudo fue Paco Niño para salvarse de la peor lucha que le ha tocado vivir contra la diabetes.

A los 14 años recorría los pasillos acomodando sillas y vendiendo boletos para las luchas infl uenciado por el trabajo de su padre, quien fue promotor de lucha libre.

VER VIDEO: Paco Niño; una vida en el ring

Por casualidad, debutó como réferi en 1984 en la Arena Pavillón del Norte, sucedió que ese día los luchadores estaban listos, pero los réferis no llegaron, Blue Fish y Centurión Negro lo subieron al ring porque sabían de su experiencia en el ambiente de la lucha. Y ni en aquella ocasión, como hasta hace un año y medio que dejó de arbitrar, dejó de sentir nervios.

“El nervio llega en cualquier momento, aunque tengas experiencia, es cosa rara o psicológica,pero del vestidor al ring va uno con nervios, se sube al ring y nos sentimos más confiados”, dice.


Fotografía Ricardo Casas


Su pasión por este deporte de contacto lo llevó a entrenarse con fi guras de la época de oro de la lucha libre en Saltillo como el Zorro Plateado.

Afi rma que ser réferi implica pasión por la lucha, conocer las reglas del deporte, proteger la integridad de los luchadores, saber echar maromas y esquivar golpes, pues aunque nunca fue luchador sí entrenó para no salir lesionado en los combates. Con estos y otros atributos Paco Niño supo llegarle a la gente que terminó amándolo y odiándolo.

“Hay muchas anécdotas; teníamos una afi cionada ya grande de edad que era superagresiva, como mi estilo siempre fue rudo se enojaba porque le golpeaban a sus luchadores, y llegó el momento en que me sacó una navaja del cortaúñas y me tiró dos o tres navajazos cuando andaba abajo del ring, una hermana mía me la quitó y en otra ocasión peligrosa me sacaron una pistola, la lucha estaba muy caliente y detuve a los técnicos y un judicial me sacó la pistola”, cuenta.

En su corazón guarda la satisfacción de haber trabajado con estrellas como el Ranchero Vargas, Súper Muñeco, Súper Ratón, Mil Mascaras, el nuevo Místico, Atlantis, pero sobre todo aquella sensación del humo, los reflectores y el público enardecido:

“Sale uno de entre el humo y se cree uno muy grande, de por sí uno es muy orgulloso y le crecen el ego, es una satisfacción más, por ejemplo a mí que aparte de refrescármela me pedían fotos o autógrafos, unos me odiaban, otros me adoraban”, comenta sonriendo.

Paquito Niño, como también lo conocen, recorrió todo Coahuila hasta Linares y Concha del Oro, portando la camiseta de las barras blancas y negras, tratando de ser un mediador imparcial aunque siempre ha tenido el corazón con los rudos.

“Con los luchadores siempre hemos llevado una buena amistad una rivalidad dentro del ring, porque yo soy rudo, pero fuera de ahí yo soy un profesional”, aclara.

Se queda pensando y se decepciona al saber que muchas empresas ya no trabajan por la auténtica lucha libre, impulsan luchadores al vapor que creen que por saber echar maromas y piruetas son merecedores de estar en el ring y se les olvida la base de la lucha: el llaveo y el contrallaveo, olvidan que no se trata sólo de espectáculo, sino de un deporte de contacto, donde también se puede perder la vida.


“SALE UNO DE ENTRE EL HUMO Y SE CREE UNO MUY GRANDE, DE POR SÍ UNO ES MUY ORGULLOSO Y LE CRECEN EL EGO, ES UNA SATISFACCIÓN MÁS, POR EJEMPLO, A MÍ QUE APARTE DE REFRESCÁRMELA ME PEDÍAN FOTOS O AUTÓGRAFOS, UNOS ME ODIABAN, OTROS ME ADORABAN”: PACO NIÑO.



LA OTRA LUCHA

Paco Niño nunca vivió de la lucha, se desempeñó como carpintero, checador de combis, jefe de seguridad privada y chofer, combinándolos con su trabajo como réferi de lucha libre, sin embargo, un enemigo silencioso apareció en su vida en el 2000: la diabetes.

Una enfermedad que nunca quiso controlar ni con medicamentos ni con dietas, un padecimiento que hace un año y medio le cobró la factura.

“Tengo 48 años pero estoy muy ‘tranquiado’ por la vida, la diabetes es como el cáncer, son unos asesinos silenciosos y a mí me atacó en dos días, entonces le dije al doctor: -‘Nomas te voy decir una cosa, vamos a quitarnos de chingaderas y dime qué me vas a amputar’ y me dijo ‘primero te voy a amputar un dedo y vamos ver qué reacción tienes aunque yo te recomendaría que te cortáramos más del pie, porque la infección camina muy rápido’, le dije que si me iba amputar me garantizara que no iba a sufrir ni yo ni mi familia, porque yo vengo de gente diabética, mi mamá murió completa, pero uno de sus hermanos no, el se fue en partes”, dice.

Piensa que su decisión fue la acertada, porque si lo hubieran cortado en partes se hubiera muerto, y a pesar de lo que esto significaría, porque dejaría de andar en el ring, no hubo tristeza:

“Dios me ayudó mucho porque me encomendé a Él y siempre desde que me dijeron, yo me metí en la cabeza reconocer mis errores y enfrentar la situación que se iba a presentar”, dice el hombre de la cabeza cana y piel morena.

Y resultó que sólo unos días le bastaron para ponerse de pie, le hacía falta el ambiente de la lucha y regresó a la Arena Pavillón del Note como coordinador de publicidad y medios, aventó la silla de ruedas y agarró sus muletas.

UNA NUEVA OPORTUNIDAD

“Tengo retirado como réferi un año seis meses, y anduve como coordinador de la Arena Pavillón del Norte hasta hoy (jueves 19 de diciembre) porque me acaban de nombrar presidente de la Comisión de Box y Lucha en el Municipio de Saltillo, una nueva tarea que consiste en checar que los luchadores tengan su licencia y certifi cados médicos para salir fuera de la ciudad”, revela.

Sus años de experiencia lo llevaron a presidir este cargo público apoyado en expertos en lucha y box. Y aunque siente nostalgia de recorrer por última vez la Arena Pavillón del Norte en la Bellavista, está convencido de que debe corregir sus errores porque todavía hay mucho Paco Niño por vivir:

“Tengo que aprovechar esta oportunidad, tomar en cuenta la experiencia que tuve por no llevar el medicamento, sueño que para el mes de enero pueda tener mi prótesis, porque inclusive me hicieron función a benefi cio para conseguirla, porque quiero seguir echándole ganas desde esta otra trinchera en la que estaré”.
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