Para un obrero resulta casi imposible darse este pequeño lujo ya que los precios de las piezas de pan van desde los 5.50 hasta los 14 pesos, siendo la causa lo elevado de los precios de las materias primas que se emplean para elaborar estos productos, y la consecuencia es privar a las familias de degustar de estos alimentos y las bajas ventas para quienes se dedican a su venta.
Uno de los comerciantes de mayor tradición, pues así lo avalan los 77 años de servicio a la comunidad, es don Hervey Chapa Flores, quien señaló que para él como comerciante le resultó preferible el incrementar el precio de su producto que bajar la calidad del mismo, ya que los clientes siempre son primero.
Señaló que en promedio son 50 piezas diarias las que se elaboran de los panes preferidos de sus clientes como son los marranitos, cortadillos, quequitos, campechanas, empanadas de piña, de calabaza, de manzana, roles de canela, conchas y las tradicionales donas, las cuales tienen un precio al público de 5.50.
Para los gustos más selectos se encuentran los pay de piña, semitas y la repostería, donde los precios se disparan desde los 14 hasta los 30 pesos en el caso de los paquetes de galletas espolvoreadas, por lo que en promedio son 20 piezas las que se elaboran.
Dijo que quienes aún acostumbran merendar al menos una vez a la semana son familias de 4 a 5 integrantes, ya que este es el promedio de piezas que llevan, y hay ocasiones que optan por llevar la bolsa del pan de un día antes ya que éstas las ofertan a la mitad de precio, dependiendo de la pieza.
Sin embargo aún cuentan con clientes americanos que acostumbran visitar esta frontera, en especial su panadería, por lo que en cada vuelta se llevan alrededor de 50 piezas, más no es una situación que se presente diariamente.
Quienes se dedican a la venta del pan han buscado nuevas opciones para ofertar sus productos dentro de las cuales se encuentra el recorrer las colonias a bordo de camionetas anunciando sus productos a los mismos precios que hay en las panaderías.
Ojalá volvieran esos tiempos en que el sueldo alcanzaba para disfrutar en familia de una rica pieza de campechana, empanada de calabaza, dona espolvoreada de azúcar o una concha de chocolate sumergiéndola en el vasito de leche, chocolate o café, disfrutando de una amena charla o viendo la novela o programa de su preferencia.
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