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México, D.F.- El escritor Carlos Fuentes va a la mitad de “Los Días de la Vida”, sus memorias de infancia y juventud. Al hurgar en su pasado, ha decidido detenerse en los 21 años; el resto, insiste, está en sus novelas.

Cuando el Nobel colombiano Gabriel García Márquez, su gran amigo, le anunció que escribiría un segundo libro de memorias después de “Vivir para Contarla”, Fuentes lo previno: “No lo hagas, porque ahora son tus libros los que cuentan tu historia, no tú”.

Las memorias, dice, siempre son incompletas. “Se da uno cuenta que va dejando demasiadas cosas afuera, y luego, darles un valor literario...”. Sus papeles personales y de trabajo están depositados en la Universidad de Princeton, a la que hace envíos periódicos dede 1995. No había entonces, dice, una cultura del archivo en México.

“¿Dónde está el archivo? Pues se lo comieron las ratas. Desaparecían las cosas, por eso hay muy poco testimonio del pasado mexicano, por el descuido simplemente”, expresa

“Tenía muchas dudas sobre lo que podía pasar en México. Además, la gente que se acercó a mí no me ofrecía garantías de ningún tipo”.

En su testamento, Fuentes ha dispuesto que su biblioteca no se disperse y sea su esposa, la periodista Silvia Lemus, quien decida su destino. “Me costó mucho tiempo juntarla. Es una buena biblioteca. Mide tres pisos. En Londres tengo otra”.

Medio siglo de ‘Aura’

Este año se conmemora el 50 aniversario de la aparición de “La Muerte de Artemio Cruz” y “Aura” —de la que Era prepara una edición de aniversario. Fuentes no le ha hecho corrección alguna, como con ningún otro de sus libros. “No los toco. Nunca más. Sería profanarlos”.

El origen de ambas novelas es muy distinto: “Aura” es sobre la vida de la muerte, y Artemio Cruz, sobre la muerte de la vida.

“Aura”, su novela emblemática del deseo y el tiempo, nació en un instante, y la escribió en cinco días sentado en un café. “Estaba yo con una chica de 20 años en París. Salió un momento, regresó y apareció debajo de una luz que caía verticalmente: por el juego de las luces, se volvió una anciana por un minuto”.

En las 12 horas de agonía de Artemio Cruz vierte su conocimiento, lecturas e interrogantes sobre la historia de México. “Es una novela con un largo pasado que tenía que imaginar”.

Tiempo de recordar

En sus memorias se remonta a sus antepasados de Canarias y Alemania, quienes se instalaron en México en la década de 1860. A su abuelo Rafael Fuentes Vélez, banquero del puerto de Veracruz, lo recuerda como un hombre sentado sin poder hablar. “Poco a poco fue perdiendo el habla, se fue momificando”.

Fuentes contará otro tramo de su vida en “Personas”, libro que publicará este año con Alfaguara, dedicado a personajes ya fallecidos, como Alfonso Reyes, Pablo Neruda, Julio Cortázar y Norman Mailer.

“A través de la narración de ellos voy contando un poco mi propia vida”.

Fuentes ha sido amigo de presidentes. “No de los ignorantes”, ataja. Cárdenas, Echeverría, Salinas, Zedillo. “A Calderón lo conozco casi desde que era escuincle”.

“Lo que pasa con los presidentes es que son uno antes de ser presidentes, otro cuando son presidentes y otros cuando ya no lo son”.

Fuentes trabaja todos los días, sin falta, de las 8 de la mañana a la 1 de la tarde. “Si no lo hago, me siento muy pecaminoso, tengo un elemento católico, religioso, en mi cultura”.

El escritor, que en noviembre cumplirá 84 años, tiene al menos siete novelas en proceso. Cada vez que termina una, confiesa, lo invade la melancolía. “Es como perder un amor muy cercano, y hay que encontrar el nuevo amor rápidamente. Por eso tengo varias novelas en proceso, para no quedarme viudo”.

El escritor presentará su nueva novela, “Federico en su Balcón”, inspirada en el filósofo Federico Nietzsche, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
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