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Saltillo.- De entre las sombras de las arenas sobresale la figura de un temerario de los cuadriláteros, que con el paso de los años se ha ganado el respeto de aficionados de la lucha libre.

Espartaco nace hace unos cuantos años, nueve para ser exactos, pero ese hombre, el que porta la máscara, cuenta con 31 años de trayectoria dentro de los golpes, patadas y las llaves.

Su identidad es desconocida, pero arriba del pancracio todos lo conocen, porque durante mucho tiempo ha defendido su rostro, el que muchos quisieran ver para saludarlo en la calle.

A los 14 años se inició dentro de la lucha libre, la Arena Obreros del Progreso fue su primera casa; los nombres fueron muchos, sus identidades tantas, que prefiere no hablar de ellas.

Sin embargo, siempre fue un muchacho trabajador, “vendí pinole, dulces, siempre estuve haciendo algo, no por necesidad, sino porque aprendí a trabajar”, comenta Espartaco, mientras sus ojos se ponen rojos.

Es un hombre fuerte, de palabras sinceras, ama este deporte como pocos, le ha dedicado su vida, tiempo y dinero.

Hace apenas nueve años optó por llamarse Espartaco, hoy reconocido y respetado, su nombre se debe a que le gustan mucho los personajes épicos, aquellos que luchan por el bien y por darle a las personas algo.

ÍDOLO DE TODOS

El luchador alardea de sus logros y cómo no, si se los ha ganado a pulso, las horas en el gimnasio y la práctica lo tienen en donde está, que, a pesar de no estar en los grandes carteles, en las plazas que se presenta “levanta polvo” y atrae a la afición.

Títulos de tercias a nivel estatal y nacional con otros gladiadores de alto renombre son parte de lo hecho por Espartaco, pero algo de lo que está asombrado es de cómo hace poco levantó uno de los cosos más grandes y exigentes de la República.

Tras tener la Arena Coliseo de Monterrey tres fechas relucientes, la primera de ellas de la WWE, 15 días después la Triplemanía y a la quincena siguiente otra en donde Blue Demon y El Santos estaban como los principales.

En esa, Espartaco estuvo mano a mano ante el Negro Navarro, una de las glorias de la lucha libre en México; era combate por un título a una sola caída de 15 minutos.

“Los primeros dos minutos nos estuvimos estudiando, la gente nos empezó a chiflar porque pensaron que era aburrida la pelea, pero de pronto se volvió una pelea de técnicas, una llave, una contrallave, la gente se empezó a levantar de los asientos, nunca habían visto una pelea así, están acostumbrados a los lances, a un espectáculo distinto”.

Ese combate terminó en empate gracias a una llave en la que ambos quedaron espaldas planas, pero el hecho de que las personas les aplaudiera minuto a minuto durante y después es un recuerdo imborrable.

“La gente estaba de pie esperando qué llave íbamos a hacer. Al terminar nadie se sentó, seguían aplaudiendo, se abalanzaron hacia el ring y juntaron en un vaso, esos en donde sirven cerveza, dinero, eran más de 16 mil pesos. Todos querían foto y no nos dejaban bajar del cuadrilátero”.

Para él, luchar es algo sorprendente, lo cuenta con suma alegría, porque al final los medios de la Sultana del Norte, tanto escritos como electrónicos, hablaron de que esa fue la mejor pelea del cartel en donde el Santo y Blue Demon no hicieron mucho.

Sin embargo su vida no sólo es arriba del pancracio, también es empresario y un luchador que busca calidad. Detesta que ahora los gladiadores sean de aparador, que “estén vendidos por muy pocos pesos”, como él lo dice, pero no sólo es culpa de los propios luchadores, sino también “de los suedoempresarios que tanto mal le han hecho a la lucha libre”.

Por eso es que Espartaco se ha dado a la tarea de rescatar el honor de todos aquellos que se encuentran empezando, orientarlos y que tengan una carrera digna, en la que su espectáculo sea dentro del cuadrilátero, no haciendo “payasadas” en la televisión.

En eso es enérgico, ha visto que la lucha se ha denigrado por dinero, no como antes, en que las peleas eran por el honor, el orgullo y por ser los mejores sobre el encordado y no por una “linda cara”.

Y es que su faceta como empresario comenzó hace unos años, junto con otras personas, y le dieron nueva vida a la Arena Pavillón del Norte, en donde poco a poco han guiado a los gladiadores locales, enseñándoles no sólo el arte de pelear, sino el de dignificar esta carrera que tanto a él como a muchos les ha significado una carrera deportiva.

Por eso cada domingo del año en el Coso de la Bellavista hay un cartel y poco a poco, como él lo asegura, “la afición ha regresado, ha creído en el proyecto que estamos haciendo”.

LO QUE FALTA

Espartaco a lo largo de sus 31 años como luchador ha tratado de cumplir cada sueño, cada meta, pero aún quedan muchos por hacerlos realidad, uno de ellos es ver la Arena Pavillón en su máximo esplendor, que sea una de las plazas más importantes del norte del país.

Sin embargo, para lograr cada objetivo ha trabajado duro, no le fue fácil llegar hasta donde se encuentra, las puertas en un principio se cerraron y quizá no está en una empresa grande, como la CMLL o la Triple A, “porque quizá me faltó moverme más, tener más publicidad”, pero no se queja por lo que tiene pues todo ha salido de sus manos, o mejor dicho, de sus golpes, patadas y lances producto de una lucha libre clásica.

El retiro no está cerca, ni piensa en ello, por su mente pasa el seguir dando guerra sobre el cuadrilátero, a pesar de que sus rodillas ya están lastimadas y de que ha sacrificado en parte su tiempo y familia.

“No, no he pensado en eso, estoy joven, no soy un chavo, pero siempre les digo a mis compañeros que estoy más joven que ellos, mi corazón así es, joven, tengo muchas cosas por hacer”.