Sierra Mojada, Coah.- Pásenle, pásenle. Yo soy Severo Tovar Mora, a sus órdenes. Pásenle están en su casa. ¿De dónde vienen? Mucha gente viene a verme, de Saltillo también vienen. Aquí vivo yo encantado de la vida, en esta cueva. Ya tengo 30 años aquí.

Yo nací allá de aquel lado. Vivía con mis papás en una cueva. En aquellos tiempos había como diez familias que vivían así, en cuevas. Pero ya no. Ya nomás quedo yo. Mi familia se fue haciendo de casitas.

No, señorita, tengo más con otra gente que con mi familia. Ahí viven abajo. Todas esas casitas que ve ahí son de mis parientes, pero qué me van a ver. Mire, ahí viven mis sobrinos en todo eso.

Este es Chueche, mi gato. Está como yo, malo de los ojos. Me dio una infección y me inyectaron en Torreón, pero vaya a creer que me lo fregaron más. Con este no veo y con el otro pos ya casi no tampoco. Así está Chueche, pero él por andarse peleando, mire nomás cómo lo dejaron.

Aquí está la cocina, pásele, con confianza. Sí, la estufa de leña todavía la prendo. Aquí no me falta nada. Todos eso vasos son de las velas que usaba cuando no tenía luz, pero me la pusieron hace tres años y la paga el gobierno.

No, yo no trabajo ya. Pero fui de todo: minero, campesino, carpintero y hasta cocinero. Y pos anduve por todos lados trabajando, en Monclova, en Frontera, en Chihuahua, Toluca, n’ombre donde quiera, señorita.

Es que cuando uno es joven el mundo no se le acaba a uno, verdad, pero pos ahorita cómo. Ya está uno viejo, cansado, ya no aguanta uno como antes.

Yo anduve todo eso, allá pa’ aquel lado del cerro y pa’ las minas. Pero ahora ya nomás me salgo un rato a caminar al monte, pos es que me aburro de estar aquí.

Tengo 77 años, señorita. Sí, me casé, pero mi mujer se murió de un paro cardiaco, allá en Nadadores. Es que ya estaba grande. Cuando nos casamos ella tenía 39 y yo 18. No, nunca tuvimos hijos.

Mire, déjeme le enseño, aquí tengo unos retratos que me hicieron. Una maestra que vino de Saltillo y con unos de Estados Unidos que vinieron a visitarme. No, si aquí viene mucha gente. Mire aquí los tengo, éste es un padre de Saltillo. Mire aquí estamos en la cueva a donde quieren ir. Aquí estoy yo, mire. Aquí estoy yo en Ocampo, allá estuve muchos años antes de venirme pa’ acá.

No, oiga, no me retrate los pies. ¿No ve que traigo los calcetines todos rotos? Andaba caminando en el monte, pos se me rompieron.

Mire, en este libro también salgo, léale, léale. Es un libro que hicieron en Boquillas del Carmen sobre las minas. Aquí hay otros retratos, mire aquí está otro retrato mío.

Estas manualidades también las hago yo allá en el DIF, los adornos estos también. Ah, ése es mi altar, déjeme le prendo la luz pa’ que vea.

Éste es el Señor de las Maravillas, el del centro, es de Puebla. Mi papá era muy creyente de él porque anduvo en la guerra y salió enterito, nunca le pasó nada.

Aquí está también el papa Juan Pablo y la Virgen. Sí, yo le hice este altar en este rincón. Por eso le digo que aquí no me falta nada, aquí ellos tienen sus veladoras y sus luces y todo, mire.

No cuál frío, señorita, aquí es de dos temperaturas, cuando hace frío está caliente y cuando hace calor está fresco. Tengo un abanico pero ni lo prendo, mire, ahí está.

Ésta es la salita y ahí está mi nacimiento. No, no abra ahí, está todo tirado, mire, ni la cama tendí.

Mucha gente viene y nos vamos a buscar piedras, pa’ de aquel lado hay muchas. Yo junto, pero pos los regalo a la gente que viene.

Vamos, si quiere yo los llevo a la cueva. Vénganse por acá porque el carro no entra. Ahí déjelo al cabo no le pasa nada. Miren por aquí, a’i nomás cuidado con las espinas.

Aquí está el caminito. Esta es una mina abandonada, de aquí sacaban metales. No se vaya a caer. Está muy honda. Sí, señorita, yo trabajé en todo esto y luego ya me fui.

No, yo nomás estudié hasta el quinto año, fíjese, pos había que trabajar.

Mire aquí se cayó una señora la otra vez, una gordota. Yo los llevé a la cueva de los nombres y que se resbala y se viene rodando hasta por acá.

Ay, no me traje mis lentes, si de por sí no veo, ahorita ya con el sol veo todo borroso. Pero vénganse por acá, tengan cuidado, no se vayan a caer. Por acá es más rápido. Ya nomás subimos ese pedazo y llegamos.

Mire ahí está, ésa es la cueva de los nombres. Aquí se escondían los indios, hace muchos años todavía encontraban cosas de ellos, huaraches y trastes. No, yo nunca, mi papá era muy respetuoso de esa gente, nunca nos dejó llevarnos cosas.

Pues se nos concedió llegar, fíjese, bendito Dios. Ya tenía yo mucho que no venía hasta acá. Mire desde acá pone la gente va pintando sus nombres. Ese que dice ahí es mi sobrino, éste es de unos gringos que traje la vez pasada. Mire desde aquí se ve todo el pueblo. Allá está Esmeralda. Hágase para acá, no se vaya a caer.

Yo conozco estas tierras como mi vida, anduve todo eso cuando era joven. Todavía voy a caminar, pero pos ya no miro bien. No, qué me voy a cansar. Nomás me da miedo por la presión, pero me tomo mis pastillas y ya. Pos qué más hago, señorita, si no es andar en el monte, por eso me vine pa’ acá, aquí donde nací.

¿Ya se van? Bueno pos que Dios me los Bendiga. Gracias. Sí yo aquí me quedo. Aquí agarro pa’ mi cueva.

Oiga, antes de que se vayan déjeme les digo unas recitaciones. Fíjese me las sé desde primer año y no se me han olvidado. Ahí van:

“Soy minero que pasa la vida entre penas, trabajo y horror, busco el oro, la plata y el cobre y también busco en el mundo un amor. Por arriba flota el agua, por debajo la corriente, de las mujeres bonitas nacen los niños valientes… y buenas noches”.

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