Tags: saltillo, reos, readaptación, coahuila, cereso







Saltillo, Coah.- De acuerdo con los teóricos y expertos en materia de seguridad, los prejuicios sociales y los altos índices de inseguridad que en los últimos cinco años se han presentado en México, son la causa principal por la que los ex convictos, y los que aún lo son, no logran tener un proceso de readaptación exitoso.

En poco tiempo, estados como Coahuila han visto crecer el problema de la readaptación social de la mano del aumento de los índices de criminalidad, lo cual ha colapsado los sistemas de impartición de justicia.

Debido a ello, se han consolidado estructuras penitenciarias y de reinserción que se han perfeccionado con el tiempo, no sin antes pasar por múltiples problemas, al grado de que han estado a punto de colapsar debido al hacinamiento en las cárceles y a la proliferación de redes del crimen al interior del Centros Estatales de Readaptación Social (Ceresos).

Lejos de ser una frase trillada o un lugar común, las cárceles de México, hoy más que nunca, se han convertido en verdaderas escuelas del crimen, y lejos de acotar las conductas criminales de los internos, su entramado de corrupción e impunidad ha posibilitado que se perpetúen y proliferen, tal como las mismas autoridades de seguridad pública lo han reconocido, incluso tratando de limpiar los penales de todo el país.

Recientemente, Ceresos de Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Jalisco y Durango han sido “intervenidos” por autoridades federales, que han buscado regresar el orden y la legalidad, aunque ni así han logrado erradicar las conductas criminales y eficientar los procesos de reinserción.

COMPLEJO‘CURAR’ SICARIOS Y HOMICIDAS

De acuerdo con Cecilia Sayeg Seade, directora de operación del Instituto Ciudadano de Estudios Sobre la Inseguridad (ICESI), si las autoridades y la sociedad en conjunto pretenden abordar el problema de la inseguridad prevaleciente, sería necesario analizar, primero, el índice de impunidad, por ser uno de los problemas que más agravia a la sociedad.

Establece en su estudio que dato simple, pero a la vez interesante para medir la impunidad en nuestro país, radica en el análisis del número de internos en los centros de readaptación social.

Por ejemplo –explica– mientras que en Estados Unidos hay más de un millón 200 mil internos, en México el número de reclusos para finales de 2011 no rebasa los 200 mil.

“Aun en el remoto caso de que un delincuente llegue a pisar la cárcel, la probabilidad de que se ‘rehabilite’, es decir, que la autoridad logre de manera exitosa su readaptación a la sociedad, es casi nula.

Por su parte, el criminalista e investigador Wael Hikal, también integrante del ICESI, señala que la situación es aún más grave en los Centros Federales de Readaptación (Ceferesos) como el que recientemente se creó en Monclova, o bien en los penales de máxima seguridad.

“Es difícil ‘curar’ a sicarios, homicidas, traficantes y a toda esa variedad de delincuentes peligrosos con demasiada adaptabilidad y capacidad criminal (…) es complicado el tratar de rehabilitar a un sicario que ha matado a más de 10 personas o a un secuestrador, son personas con grave trastorno antisocial de la personalidad.

“En este sentido, cabría preguntarse si vale la pena tratar de rehabilitar a los delincuentes o si la prisión debe ser considerada o concebida como una simple medida punitiva. Es decir, como el simple y llano castigo que exige una gran parte de la población afectada por algún acto delictivo cuando reclama justicia”.

COAHUILA , A MEDIAS

En Coahuila la situación, aunque ha comenzado a trabajar hasta cierto punto eficaz, no es menos seria, pues el porcentaje de eficacia en cuanto a internos readaptados es aún muy alto.

Y aunque el sistema ha sido sujeto a reformas importantes en cudestión de métodos y procedimientos, aun es deficiente en cuanto al seguimiento de aquellos internos que obtuvieron su libertad, muchos de los cuales reinciden.

Datos de la Unidad Desconcentrada de Ejecución de Penas y Reinserción Social obtenidos por la Revista, establecen que el sistema penitenciario se organizará sobre la base del trabajo, la capacitación para el mismo, la educación, la salud y el deporte como medios para lograr la reinserción del sentenciado a la sociedad y procurar que no vuelva a delinquir, observando los beneficios que para él prevé la ley.

En ese sentido, las cifras ofrecidas por la dependencia que reflejan el trabajo en el año 2011 (cuando aún no operaba la actual administración estatal) no resultan halagadoras en el sentido del trabajo de la eficiencia en el proceso de reinserción.

Al respecto, el informe entregado a la Revista, establece que durante el 2011 al menos 324 internos de todo el estado obtuvieron su libertad y les fueron reinstaurados su derechos y garantías, aunque no se especifica detalles de los casos en particular.

De ellos –según la información– al menos 96 reincidieron en diferentes conductas delictivas, aunque tampoco se especifica cuáles y si estas personas fueron recapturadas para su consignación.

De hecho, la información ofrecida por la Unidad tampoco ofrece datos de si existe un seguimiento de los demás internos.

Tan sólo en lo que respecta a estas cifras y en consecuencia este año en particular (2011), el porcentaje de efi

ciencia en cuanto a readaptación fue de 71%, y el resto (29%) incurrió nuevamente en conductas inapropiadas, es decir, se fracasó en el objetivo de readaptarlos.

CERESOS NO ESTÁN SOBREPOBLADOS

Los datos de la Unidad Desconcentrada establecen que a la fecha existe una población fluctuante de 2 mil 560 internos distribuidos en los Centros de Reinserción Social del Estado de Coahuila.

De acuerdo con esa cifra, la capacidad instalada de los Ceresos (fijada en 2 mil 894 personas) no estaría rebasada, y por el contrario, se habría abatido con el traslado de varias decenas de reos del fuero federal a cárceles de otros puntos del país.

La dependencia asegura que este factor ha posibilitado garantizar el tratamiento de los internos y facilitar el proceso de readaptación.

REOS EN COAHUILA ESTUDIAN, RECITAN, CANTAN, BAILAN…

A decir de la Unidad de Ejecución de Penas, la readaptación se inicia con un diagnóstico del individuo, el cual es realizado por el Consejo Técnico, máxima autoridad de los Centros de Reinserción Social.

El órgano está integrado por el director, un trabajador social, médico, criminólogo, psicólogo, representante de industria penitenciaria, un representante del área educativa y el jefe de seguridad y custodia, para determinar cuáles son los factores que influyeron para llevarlo a cometer la conducta ilícita y así detectar el perfil criminológico.

Acto seguido, se brinda un tratamiento individualizado basado en cinco ejes rectores con el objetivo de que se cuente con las herramientas necesarias al momento en que obtenga su libertad.

Dentro de los Ceresos en Coahuila, el conjunto de actividades de reinserción para internos incluye un proceso educativo, que va desde la alfabetización hasta las carreras técnicas.

De tal suerte, tan sólo en el 2011, al menos 57 reos de todo el estado aprendieron a leer y escribir, mientras que 119 terminaron la primaria, 225 la secundaria, 107 el bachillerato y 79 lograron conseguir una especialidad técnica.

Adicionalmente, los Ceresos ofrecen actividades recreativas como ajedrez, baile, lectura, periódico mural, así como actividades artísticas tales como danza regional, coro, literatura, pintura, rondalla o teatro.

No obstante, de acuerdo con los especialistas del ICESI, el tiempo que los reos pasan en actividades productivas sólo representa menos de 25% de sus jornadas diarias, por lo que el tiempo para “no hacer nada” es excesivo y propicio para que se incurra en actividades delictivas, incluso desde el interior de los mismos centros.

PRESOS SON DISCRIMINADOS

De acuerdo con las autoridades estatales en la materia, al Estado “le corresponde la difícil tarea de reinsertar a la sociedad a los individuos que cometieron un delito y fueron sentenciados por la autoridad judicial, con la bases y herramientas necesarias, para que éste no vuelva a delinquir”.

No obstante, admiten, sumado a lo difícil que resulta rehabilitar al interno si logra obtener su libertad, además tendrá que enfrentar el rechazo social, lo cual en el fondo es un factor que podría llevarlo a reincidir.

“Es un factor importante la sociedad que lo recibe, ya que muchas veces es rechazado y estigmatizado, lo cual dificulta obtener un empleo para mantener a su familia o cubrir sus principales necesidades básicas”, establece la UDEPRS.

Por su parte, el investigador del Departamento de Estudios Socio Urbanos, Ulises Zarazúa Villaseñor, dijo que no contratar a una persona con antecedentes penales es otra forma de castigo, aunque haya cumplido su pena dentro de la cárcel.

“El reo sale de prisión y tiene dificultades para encontrar empleo por sus antecedentes penales. Esto es como un círculo vicioso, pues al cerrarle las puertas la sociedad, esa es una manera de orillarlos a delinquir”.

Consideró que este tema tiene que debatirse como uno de los aspectos prioritarios para lograr una mejora efectiva, pues si el reo ya purgó la condena, debería existir una forma institucionalizada para contratar a estas personas.

TRABAJAR EN LA CÁRCEL

El sistema penitenciario y de readaptación ha tenido avances significativos en el país y Coahuila no ha sido la excepción, al grado de que se ha continuado con la búsqueda de mecanismos que posibiliten el cambio de conducta de los reos.

Es el caso de las actividades laborales al interior del Cereso y la llamada industria penitenciaria.

En el primero de estos casos, las autoridades buscan integrar a los internos en actividades productivas capaces de fomentar en ellos conductas que les faciliten las herramientas para obtener ingreso de manera legal.

En Coahuila los internos tienen diferentes talleres de artesanías, como carpintería, hilado, tallado, talabartería, reciclado, burilado y manualidades para el caso del Cereso femenil de Saltillo, mediante los cuales son capaces de elaborar productos que posteriormente son comercializados tanto al interior como al exterior del Cereso.

De tal suerte se elaboran cinturones, cuadros, bolsas de mano, percheros, literas, piñatas, mesas, recamaras, entre otros productos.

LA INDUSTRIA EN EL PENAL

Adicionalmente, en Coahuila, desde hace años se desarrolló un proyecto que contemplaba la instalación de la llamada industria penitenciara, que no era otra cosa que instalar empresas al interior de algunos centros, buscando detonar la capacidad productiva de los internos.

Luego de varios meses de gestión con miembros de la iniciativa privada, el plan finalmente se concretó, al grado de que a la fecha operan al menos 10 micros, pequeñas y medianas empresas en los Ceresos de Saltillo (varonil y Femenil) así como el Centro de Internación para Adolescentes también el capital.

Existen empresas que se dedican a realizar actividades de reciclado, lavado de inyectores, selección de ixtle, así como a la elaboración de uniformes y cubrebocas.

El primer paso a seguir para entrar a un programa de empleo dentro de la industria penitenciaria –establece la información de la UDEPRS–, es detectar que internos cumplen con el perfil más adecuado, tomando en cuenta que no sea considerado peligroso, tenga buena conducta, participe en actividades educativas y culturales que se imparten en los centros; se da preferencia a los internos que tengan sentencias más largas, sobre aquellos que están próximos a compurgar.

Una vez detectados se canalizan a las diferentes industrias con las que se cuenta en el Centro y de acuerdo con sus habilidades, determinan el área para colocarlo a laborar.

Todos estos empleos son remunerados y a la fecha participan 353 internos, la mayoría de los cuales purgan condenas largas y están presos por delitos del fuero común.







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