Torreón, Coah.- Para llegar al Territorio de Santos se generó una fila de tres kilómetros; pero valió la pena. Las llantas rodaron lento, el olor a diesel fue intenso y valió la pena. La caminata fue larga, la mayoría prefierió estacionarse lejos del Estadio, pero valió la pena.

Todo vale la pena en la Final del futbol mexicano, nadie se lo quiere perder, es el partido por el que todos morirían y los que pueden están ahí, apoyando, sin importar colores.

Es un trayecto impresionante antes de llegar a la Casa del Dolor Ajeno, son centenares de coches queriendo llegar, otros prefieren dejarlo y seguir el camino a pie, a paso presuroso, no hay tiempo que perder.

Las porras llegan en camiones, en montones, en grupos de muchos pero de un mismo corazón, principalmente el de Santos Laguna, los locales, los que quieren esa corona en sus vitrinas.

Adentro muchas butacas se ven vacías, hay pesimismo de un estadio lleno, pero son palabras falsas, porque antes del silbatazo inicial ya se encontraba más de un 90% de aficionados en sus lugares.

Los grupos musicales hacen lo suyo, divierten, hacen sonar sus acordes al son de buenos presagios, alegrando a todos los que tienen un lugar en el estadio, tomando cerveza, sonriendo porque como ellos muchos quisieran estar.

No hay palabras suficientes para describir ese ambiente en Torreón, es una fiesta como pocas, sobre todo por estas fechas, quieren de regalo de Navidad un trofeo, una corona, un título, algo que sólo los Guerreros pueden otorgar a Coahuila.

Quizá los Tigres vencieron en este primer juego de la Final, pero haber asistido a apoyar al equipo, ¡vale la pena!
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