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hace 8 años
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Filias y Fobias sexuales

Redacción

Todas las personas pueden tener preferencias distintas cuando de sexualidad e intimidad se trata.

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Revista Saltillo | Todas las personas pueden tener preferencias distintas cuando de sexualidad e intimidad se trata.

A algunas les encantan los besos apasionados y húmedos, mientras que otras prefieren un poco más de delicadeza o hay quienes disfrutan enormemente el contacto con las orejas y personas que no lo toleran.

Así también, algunas personas disfrutan la presencia de objetos o de imágenes durante el acto sexual, mismos que se transforman en elementos importantes para la excitación.

Y si bien estas diferencias son parte de la diversidad que nos caracteriza, también hay extremos que se pueden transformar en problemáticos y limitantes.

LAS FILIAS

Las filias suelen ser más conocidas, especialmente por sus casos extremos. Como el voyerismo, es decir, el gusto por ver, que llevado al extremo se traduce en personas que espían tras la cerradura o que usan un telescopio para ver a los vecinos y que, sólo a través de mirar a otros en actividades sexuales, logran un alto grado de excitación.

O el exhibicionismo, conocido por los casos de hombres que muestran sus genitales a las colegialas a la salida de la escuela, o las mujeres que gozan intensamente al ser vistas desnudas o en posturas provocativas; y el frotismo, más conocido por aquellas personas que frotan sus genitales en medio de los tumultos o en el transporte público que por su nombre.

Pero sin llegar a esas manifestaciones o que se transforme en un elemento sin el cual la excitación y satisfacción sexual son imposibles, la gran mayoría de las personas disfruta en mayor o menor medida de ver a su pareja desnuda o de ser vista cuando tienen relaciones sexuales y de las caricias en ese contexto.

Pero ¿qué pasa cuando en lugar de ser algo estimulante se transforma en un miedo y rechazo anormal e injustificado a ciertas partes del cuerpo o prácticas?

LAS FOBIAS

Quizá la asociación más común a las fobias son el terror a los insectos, a los espacios cerrados o a las alturas. Sin embargo, también existen el miedo a los órganos sexuales, a cierto tipo de contactos o incluso a cualquier tipo de expresión sexual. Sí, así es.

La eurotofobia es el miedo injustificado, anormal y persistente a los órganos sexuales femeninos y también se le conoce como colpofobia. Es una condición que presentan algunos hombres y que, por supuesto, les ocasiona problemas si es que su deseo es establecer una relación de pareja con una mujer.

La contraparte femenina es la falobofia, que es cuando la mujer siente pavor y por consiguiente también rechazo del pene. Pero no sólo ellas lo pueden presentar, también existe la hifalofobia, en la que el propio hombre teme tener una erección y busca evitar toda situación que pudiera provocarla.

Asimismo, hay hombres y mujeres que temen a la desnudez, a la suya y a la de los demás, por lo que evitan situaciones donde pudieran exponerse a ello, como el baño de un gimnasio, por ejemplo.

Si la persona teme ser vista desnuda, rechaza de manera extrema su propia desnudez, le dan pavor los genitales del sexo opuesto y teme su propia erección, por consiguiente también tendrá coitofobia, que es el miedo persistente, anormal e injustificado al acto sexual; y en ocasiones las mujeres podrían manifestarlo a través del vaginismo, que es cuando los músculos de la vagina se contraen a tal grado que la penetración es imposible.

Y más allá del coito, estas personas podrían también padecer erotofobia, que se refiere a cuando todo tipo de manifestaciones sexuales, desde una conversación hasta una caricia intencionada, puede alterarle de manera importante.

Los estudiosos del tema afirman que estas fobias pueden estar relacionadas con agresiones sexuales a temprana edad, con la exposición a escenas sexuales muy fuertes que hayan generado un gran impacto y también, con una educación muy represiva en la que se refuerza constantemente el rechazo al cuerpo y sus manifestaciones sexuales.

Como el resto de las fobias, estas también son tratables y la orientación de un psicólogo o un sexólogo pueden ser de gran ayuda.

INHIBIR EL PLACER

A finales del siglo 19 solían utilizarse diversos métodos para prevenir la erección y masturbación de los niños.

Entre ellos se encontraba una especie de jaula genital que mantenía el pene y los testículos en su lugar, equipada con una alarma que se disparaba si el joven tenía una erección; también se utilizaban anillos con púas metálicas que picaban el pene si este aumentaba de tamaño y protectores metálicos para evitar el contacto con la vulva.

Sin duda, estos artefactos favorecieron la generación de más de alguna fobia a la excitación y a los órganos sexuales.
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