Saltillo, Coah.- El ataúd cruzó el umbral del Staples Center de Los Ángeles, y esa fue la confirmación definitiva, irreversible, de que aquella noticia del 25 de junio pasado, aún increíble para muchos, era verdad. Aún así, los presentes y los millones que atestiguaron vía Internet o por televisión la ceremonia, entendieron que Michael Jackson iba a conceder al mundo la gracia de un último show.

El salón se llenó pronto, como ya lo vaticinaba la euforia que provocó la repartición de boletos para el memorial a través de Internet. Quienes no consiguieron boleto decidieron de todos modos acercarse para la despedida, creando un caos en la vialidad angelina.

Los famosos fueron llegando, sin alfombra roja de por medio. Corey Feldman, estrella adolescente de los 80’s, llegó con un atuendo similar al del homenajeado; se vio a un delgado Wesley Snipes; Chris Brown, solo en su butaca; Jennifer Hudson llegó con su amigo Usher, ambos sonrientes; también así fueron vistos “Magic” Johnson, el legendario basquetbolista aquejado por el VIH, acompañando a Brooke Shields, con quien presuntamente sostuvo un noviazgo el cantante.

Faltaba Liz Taylor y Quincy Jones, quienes ya habían declarado su negativa a asistir. Tampoco llegó Diana Ross, pero se decía que envió un mensaje.

Hubo más famosos, pero ninguna presencia resultó más importante que la de Prince Michael Jr., Paris y Prince Michael II, ofreciendo su rostro por vez primera, con toda nitidez, a las cámaras que transmitieron el evento.

Rostros que evidenciaban la tragedia que sigue: la de la orfandad, la de la persecución mediática y la del peso de ser hijos de una leyenda.

Entra el rey

El cuerpo de Jackson entró mecido por los suaves acordes góspel de “Soon and Very Soon”, interpretado por el coro Andrae Crouch, y por un alud de aplausos. Los hermanos Jackson vistieron una de sus manos con un guante blanco, decorado con diamantes, con la que cargaron el féretro. La otra mano la llevaban desnuda.

El cofre estaba bañado en oro, pero lo que realmente resplandecía en él era un cúmulo de flores rojas apostadas al centro.

En ese mismo instante, diversos tabloides publicaban rumores respecto a que el cuerpo de Michael Jackson no estaba en el ataúd. A poco surgió otro rumor en el sentido de que había sido incinerado y que los restos ya estaban resguardados, que no irían al Staples Center. También se dijo que sí estaba el cuerpo de Jackson, pero sin cerebro: los forenses lo habían conservado para continuar la investigación.

Simultáneamente empezaban a correr las quejas, vía Twitter, Facebook, los foros de páginas como TMZ, entre otros medios, respecto a las afectaciones que el evento estaba causando a la cotidianidad de Los Ángeles.

Otros lamentaban que la familia Jackson hubiese convertido en un “circo” la muerte de Jackson, prestándose a un evento hecho con el timing y los recursos del más cursi y simplón Hollywood.

Mientras todo eso ocurría, el féretro llegaba al centro del escenario en medio de un silencio sobrecogedor que duró unos segundos. Quizá hasta ese momento muchos seguían teniendo la esperanza de que todo fuera una broma. Pero no. El féretro se quedó sereno, al centro. Al no ver señales de vida, iniciaron los lamentos desde el público.
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb
Comentarios