8 lecturas





Saltillo, Coah.- Para los psicólogos, la figura de Proteo está inscrita como símbolo de las múltiples personalidades y mundos que coexisten en nuestro inconsciente. En “La Odisea”, Homero se convierte en foca, león, serpiente, agua e incluso toma la forma de un árbol.

Por esta capacidad de metamorfosis y por la voluntaria renuncia a la identidad personal, Proteo también está relacionado con el oficio del actor. Así lo deja ver Gabriel Neaves, actor, director y estrenado dramaturgo.

“Es una búsqueda de identidad, explotar tu potencial, la disciplina, la voz, el cuerpo. Y de cómo te dejas un poco… de cómo te despojas… es difícil de explicar, pero es eso de cómo dejas a Gabriel y buscas otra persona. Te tienes que olvidar de ti”, afirma.

Esta disociación de nuestros propios monstruos, personalidades y discursos, esa batalla entre todos los hombres posibles, es el juego actoral que Gabriel Neaves vive cada vez que se para en el escenario. Una batalla que, no obstante, sigue siendo un juego y es el alimento creativo de este actor saltillense, iniciado en el teatro por una necesidad de explorarse a sí mismo.

“Yo hacía radionovelas, en una grabadora que teníamos mi hermana y yo. Hacíamos el rollo de ‘Diana Salazar’. Nos vestíamos de Kiss y hacíamos muchas cosas. Pero nada formal como una vena para teatro. Quizá una necesidad de representar, y también de jugar, porque ahora creo que el teatro es un juego en serio”, rememora.

Riesgos

Proteo, quien poseía el don de la clarividencia, cambiaba de forma para eludir a aquellos que lo buscaban para saber su futuro. La naturaleza del actor, en este sentido, corre a la inversa. Proteo busca una figura que le permita callar lo que sabe. El actor se deja poseer por una figura que le permite hablar, incluso a pesar de los riesgos que eso lleva, entre los cuales se encuentra el de la permanencia del personaje.

“Yo creo que cedes en el sentido de que te tienes que afectar, Gabriel se tiene que afectar y tiene que sentir que duele, aunque a Gabriel no le duela, pero al personaje sí. Pero la bronca es que lo que le duele a Gabriel el personaje no lo sabe, pero esa dicotomía al organismo no le importa y se manifiesta. Allí se pone complicado el asunto. Una vez tenía función justo después de ir al dentista y tan pronto entré en el personaje, se me olvidó el dolor.

El actor se puede considerar satisfecho no sólo cuando su personaje se ha encarnado con suma intensidad en él, sino también cuando se queda fijo en la mente de los espectadores. Un buen personaje, se queda a vivir en el inconsciente del actor y espectador. El riesgo para el actor es que dicho personaje no sólo se quede, sino que pretenda desbordar a su depositario.

“Me pasó una vez que al salir de la función, hacía el papel de un mayordomo con un ojo chiquito y la pierna coja, y al salir iba ‘chuequeando’ sin darme cuenta y mis papás me dijeron ‘qué te pasó en la pierna’… y yo me saqué de onda”.

Con esta anécdota, Neaves nos deja ver que hay otra criatura mitológica, además de Proteo, que amenaza la frágil personalidad del autor. Se trata de Anfitrión, figura que representa para psicólogos y filósofos el dilema del vacío de identidad. Sustituido en ausencia por Zeus (físicamente nada más; el olímpico mantiene su propia personalidad) la esposa de Anfitrión no duda de que ese no es su marido.

“Hay actores que salen afectadísimos de la función... pero vas aprendiendo que el teatro es ahí adentro y saliendo se acabó el personaje. Esa idea es lo más difícil de la preparación. Así como te debes aprender a despojar de ti mismo, debes aprender a despojarte del personaje”, afirma Nevaes.

Para el teatro

La entrada de Neaves a los escenarios llegó por invitación de un amigo, que lo llevó a los ensayos de una obra del maestro Jesús Valdés. Ese azar determinó una vocación. Allí Valdés quizá notó lo que el amigo ya había encontrado: un talento mudo, aún en su germen.

Para Neaves la experiencia se convirtió en un puente hacia sí mismo. La mirada curiosa en los trabajos tras bambalinas, el rigor del director, el fenómeno de transmutación de los actores, la noción de un mundo que se desarrolla en una mínima y aprehensible reunión de coordenadas. Allí Nevaez encontró su lugar.

“Creo que desde los primeros años de hacer teatro descubrí lo que quería. Al principio era como jugar basquetbol, es decir, aprender a jugar, y en esos procesos vas encontrando tus potenciales. Ese fue el momento en que decidí, no precisamente vivir del teatro, pero sí vivir para el teatro”.

George Steiner afirma que los grandes actores se desenvuelven en el escenario como si fuera el día del juicio final, porque el mundo en el que habitan terminará en unos minutos. Afirma también que ese ámbito de la conciencia, esa noción de finitud desesperada, cambia la vida del actor.

“El teatro me cambió mucho. Me quitó el miedo a muchas cosas. Me ha cambiado en que ya para mí es una forma de vida. Leo mucho, me ha llevado a la literatura, me ha llevado a pensar historias en términos del teatro. Me cambió en el sentido de la búsqueda de ‘qué espero yo de Gabriel’: te mides, te buscas, te pones a prueba en varias cosas”, reflexiona Neaves.

En perspectiva

Los ámbitos de la representación, sus alcances fuera del escenario, han llevado a Neaves a pensar en cómo se justifica la existencia de sus personajes, qué fuerza vital hace que esas existencias importen en el espacio teatral. Esa pregunta inicial le ha generado inquietudes cuya respuesta ha derivado en dos vías: primero, la actuación misma; segundo, una teoría personalísima sobre el teatro y sus elementos, manifiesta en dos obras, las primeras de su autoría: “Desconcierto a Cuatro Manos” y “Naufragios”.

La segunda consiste en accionar la posible lectura de un poema: no se ilustra el poema, sino que se le da vida a una lectura. La segunda es un juego donde se concentran géneros teatrales, el humor como eje, y el experimento de que sean la música y el cuerpo las vías de comunicación.

“(‘Desconcierto…’) Es una obra en el sentido de ensayo de representación en el teatro. Es una obra que amo porque es autoría de Paco Ramírez y mía, somos también productores, actores, directores, todo. Nos ha dejado muchas
satisfacciones.

“Tenía ganas de hacer algo con música clásica, tenía ganas de hacer algo diferente, algo que nos naciera de la inventiva, de la creatividad, hacer teatro sin hablar el lenguaje. Que todo fuera con imaginación y expresión corporal y música. Y creo que logramos el objetivo...”, reflexionó.

Actualmente prepara una obra más de su autoría, titulada provisionalmente “Más Allá de tu Nariz”, que ya fue presentada de manera preliminar, sin embargo Neaves busca hacerle algunos ajustes. Al tiempo que su labor como nuevo dramaturgo sigue en pie, en los próximos días presentará una obra con quien fue su primer maestro, Jesús Valdés.

“Estamos por estrenar esta obra de Federico García Lorca, se llama ‘Yerma’, que va a dirigir Jesús Valdés. Está por estrenarse por allí del 11 de diciembre en el Teatro de Cámara del Teatro de la Ciudad fernando Soler. Los personajes son muy interesantes, muy difíciles por el deber de expresar la poesía que tiene el texto. Así que desde ahora lanzamos la invitación”, afirmó.
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb