Saltillo, Coah.- ¿Cuál es la frontera entre el hombre detrás de la escritura y el autor como representación de su literatura? Es difícil saberlo, especialmente cuando se trata de individuos cuya excentricidad es idéntica entre la vida y la obra.

En México abunda este perfil, y uno de los más célebres en la actualidad es Guillermo Fadanelli, autor de la vertiente llamada “Realismo Sucio”. Algo que define su excentricidad es la incongruencia, bandera que felizmente reconoce: “La idea de la congruencia y el sacerdocio me resulta repugnante”, admitió.

En ese tenor transcurrió una charla en la que cada reflexión tenía su antítesis en otra. Por ejemplo, al inicio, cuando se le preguntó sobre el porqué escribe.

“En ‘Ser y Tiempo’, Heidegger se tomó 700 páginas para responder una pregunta. Él dejaba ver que la pregunta en sí ya contiene la respuesta y que las respuestas son inútiles, son paliativos. Por eso no podría responder por qué escribo.

“En el fondo mi escritura fue consecuencia del desasosiego, del malestar, del estar a disgusto. Empezaste con ensayos, por eso me puse muy filosófico, así que cámbiale”, profirió a Daniel Maldonado, escritor lagunero, su amigo e interlocutor.

ANTÍTESIS DE SÍ MISMO

Este juego de incongruencias también provocó que la charla resultara amena e ilustrativa en temas como la traducción, la edición, la lectura y la relación lector-autor, así como su abordaje de los géneros.

“La novela me parece un género difícil, indominable. Justo allí es donde quiero trabajar. Es muy vanidosa, requiere mucho trabajo. Pero justo porque no he escrito la novela que me gusta, sigo allí”, aseguró.

Al tiempo que afirmó que sólo escribe para ganar dinero, también afirmó que no entraría en una dinámica de consumo por vender.

“Soy bastante exigente conmigo mismo. Lo que escribo me tiene que gustar a mí, porque como autor sólo hasta allí puedes llegar”, aseguró.
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